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6 de noviembre de 2014

DISTANCIA DE RESCATE, de Samanta Schweblin




No sabernos dónde estamos ni hacia dónde nos dirigimos. Avanzamos en la lectura tanteando, seguros de que hay algo importante, aunque no alcanzamos a dilucidar qué es. No importa. Al menos no por ahora. La narradora, Amanda, tampoco sabe, por eso necesita de la ayuda de David, el hijo de la vecina, para que la guíe en un viaje que es vital y lingüístico. De esta manera, en un diálogo a oscuras, Amanda va reconstruyendo sus últimos cuatro días, desde que llegó a ese pueblito perdido en medio del campo con la intención de pasar unas vacaciones distintas junto a su hija Nina. Recuerda cómo conoció a Carla, su vecina, y a David, un chico raro, con manchas en la piel y un comportamiento extravagante, incluso perturbador. Y así, en ese ir para atrás que no es otra cosa que ir para adelante con el fin de descubrir lo importante, Amanda recuerda, hace memoria, espera dar con aquello que pueda salvarle la vida a ella y a su hija. O no…

            Distancia de rescate es el nuevo libro de Samanta Schweblin, una nouvelle que logra combinar el registro psicológico con la denuncia social y el relato fantástico, todo inmerso en un ambiente extraño, siniestro. La maestría de Samanta se desarrolla justamente en esta línea, logrando crear una atmósfera desesperante (casi, podríamos decir, irrespirable) con un número limitado de elementos cotidianos y en apariencia banales. Lo monstruoso, lo trágico y lo irremediable está en lo trivial, en lo común de todos los días. Unas simples vacaciones en una casa de campo se convierten en una pesadilla que pone a prueba la tolerancia del lector. La muerte (o incluso algo peor) está al acecho, y la voluntad de las personas no puede hacer mucho para mantenerla lejos.

Después de dos excelentes libros de cuentos (El núcleo del disturbio y Pájaros en la boca), con Distancia de rescate Samanta nos ofrece una historia un poco más larga, por lo que tenemos la oportunidad de explorar otra faceta de ella. Es el talento que ya le conocemos, pero desplegado.

Háganse un momento y lean esta novela. Después de hacerlo, van a ver cómo elegir el lugar de sus próximas vacaciones se va a convertir en algo de vital importancia. Eso sí, el campo queda descartado.




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Samanta Schweblin
(Buenos Aires, 1978) es egresada de la carrera de Imagen y Sonido de la UBA, donde se especializó en el área de guión cinematográfico. Su primer libro de cuentos, El núcleo del disturbio, obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes 2001 y el premio nacional Haroldo Conti. Muchos de sus cuentos fueron editados en revistas y antologías latinoamericanas y extranjeras, y ya han sido traducidos al inglés, al francés, al alemán, al sueco y al serbio. Pájaros en la boca, su segundo libro, obtuvo el premio Casa de las Américas.



- Schweblin, Samanta, Distancia de rescate, Buenos Aires, Literatura Random House, 2014.



1 de noviembre de 2014

EL FANTASMA DEL ROSARIO, de Marisa Vicentini




«¡Oh Gertrudis, Gertrudis!, cuando vienen las desdichas, no vienen como exploradores aislados, sino en legiones», le hace decir Shakespeare al personaje del Rey en Hamlet (Acto IV, Escena V), pero esta frase bien podría haberla dicho Micaela Dupuis, la protagonista de El fantasma del rosario, la primera novela publicada de Marisa Vicentini. En efecto, Micaela es una mujer que no la está pasando muy bien: su madre falleció por causa de una enfermedad que, tratada, podría haberse sobrellevado; su padre muere en un inexplicable accidente justo cuando, después de una vida de ausencias, regresa para iniciar una relación; y, lo peor de todo, su hijo muere también en ese mismo accidente. Todos, absolutamente todos, desaparecen del entorno de Micaela, dejándola sola y encerrada en sí misma, obligada (por una obstinada existencia que, incluso a pesar de su propia voluntad, se niega a cesar) a hacerle frente a una vida que, para ella, ya no tiene ningún valor. Por esto mismo, enterarse de que su padre, apenas un desconocido, le había dejado una fortuna, un auto de colección y una mansión en la ciudad de Vista Hermosa no significa nada para ella. Hacerse cargo de su herencia, mudarse a la nueva casa y comenzar con esta nueva vida es, para Micaela, más una impulso apático que una motivación personal.

            Pero esta historia recién empieza. Si hay algo que tiene la vida (y la literatura es un fiel reflejo de eso) es que no importa qué tan mal nos esté yendo, siempre las cosas se pueden poner peor. Y, para Micaela, se ponen peor. Mucho peor. En la nueva casa, las circunstancias no son muy normales que digamos. Su vecino parece un loco, por la noche se escuchan ruidos extraños, como de portazos (aunque las puertas no se muevan), y, lo que es todavía más extraño, un rosario parece tener vida propia: aparece y desaparece, cambia de lugar, escogiendo un hueco en la escalera como su escondite preferido. Al principio, Micaela no hará más que ignorar todas estas manifestaciones, pero cuando las circunstancias empeoren (sí sí, siguen empeorando) deberá enfrentarlas. Con la ayuda de Axel, su ex novio que la había abandonado después de dejarla embarazada y que ahora vuelve con la intención de acompañarla, Micaela se propondrá descubrir qué hay detrás de lo extraño que la rodea. Y eventualmente descubrirá que detrás de las apariencias se esconde la maldad. Detrás de la vida, la muerte. Y con la muerte, los muertos.

El fantasma del rosario es una novela de fantasmas, posesiones, intriga y amor. Fundamentalmente de esto, de amor. No porque haya una historia romántica (que de algún modo la hay), sino porque somos testigos de la influencia que el amor ejerce sobre las personas. En cierta forma, Marisa Vicentini nos muestra cómo el amor es, al mismo tiempo, la mayor bendición y la peor de las maldiciones. Nos puede dar una razón para vivir de la misma forma que (con su ausencia) nos puede llevar al extremo de abandonar la vida aun antes de morir. Y esto es, justamente, lo que le pasa a Micaela y, por extensión, a nosotros  mismos, los lectores. A lo largo de la novela no nos mantendremos como testigos impávidos de las desventuras de Micaela, sino que sufriremos con ella hasta el punto de sentirnos sus compañeros, una débil compensación a sus desventuras.

Una buena novela de terror, con una ambientación interesante y una historia que logra mantenernos a la expectativa. Una opción pertinente para recordarnos que, en Argentina, también se escriben estas historias.




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Sobre la autora: Marisa Vicentini nació en 1971 y durante gran parte de su niñez vivió en Canadá. Luego, cuando volvió a Argentina, se radicó en Buenos Aires y estudió Turismo, trabajando en empresas del rubro. Si bien su gusto por la lectura la acompañó durante toda su vida, su afición por la escritura le llegó durante una licencia por maternidad. El fantasma del rosario, su primera novela publicada, fue también seleccionada en 2011para participar de la Clínica de Novela dictada en el Centro Cultural Ricardo Rojas, a cargo de Matías Serra Bradford.



- Vicentini, Marisa. El fantasma del rosario. Buenos Aires, Muerde Muertos, 2014.