Día a día, mucho más en Facebook

23 de marzo de 2014

OSARIO COMÚN. SUMMA DE FANTASÍA Y HORROR (comp.), de editorial Muerde Muertos




            Cuando escribí la reseña del libro Terror[1], publicado por la editorial Planeta en 2012, me quejé de que en Argentina las editoriales no se tomaban en serio el género de horror, o por lo menos no lo suficientemente en serio como para hacer una antología comprometida y verdaderamente representativa. Me alegro de poder afirmar que me equivocaba, que lo que dije en 2012 dejó de tener vigencia en 2013, cuando la editorial Muerde Muertos sacó la antología Osario común. Summa de fantasía y horror a cargo del escritor Patricio Chaija, que no sólo realizó una selección admirable, sino que también escribió la introducción y las notas introductorias a cada cuento y a cada escritor (algunos de ellos inéditos).

            En la introducción, Chaija afirma que su propósito fue, justamente, el de rastrear y compilar a aquellos autores que, aunque inéditos o poco conocidos, se caracterizan por abordar el relato de terror de forma frecuente, configurando así la actualidad del género en Argentina. Por esto mismo, Osario común. Summa de fantasía y horror no sólo es un excelente libro, lleno de buenos cuentos, sino que también es una gran oportunidad de conocer la actualidad de un género que en nuestro país carece de una tradición fuerte y definida, pero que goza de un presente de buena salud y, por ende, de un futuro prometedor.

            En esta summa hay, verdaderamente, para todos los gustos. Desde cuentos de horror monstruoso (como es el caso de “Gringos de tierra y río” de Sebastián Chilano) hasta historias de amor macabro (como “Ojos verdes” de José María Marcos), pasando por la presencia de fantasmas del pasado que siempre están dispuestos a volver para torturarnos un poco (“La habitación de mamá” de Pablo Schuff, “El centinela” de Alejandra Zina, “En la ruta” de Gustavo Nielsen) y por el coqueteo con la ciencia ficción (“Metano” de Walter Iannelli) o la psicología (“Fin de curso” de Mariana Enriquez), por sólo mencionar algunos tópicos.

            Por último, el libro se cierra con un epílogo escrito por Carlos y José María Marcos, en el que, con su prosa certera y embriagadora, nos cuentan cómo nació el proyecto y nos ponen al tanto sobre cuestiones históricas, etimológicas y literarias. Sin lugar a dudas, un lujo.

            Un osario es un lugar de muerte. Tradicionalmente, los osarios eran aquellos lugares donde se depositaban los huesos que eran exhumados de las tumbas con el fin de dejarlas disponibles para nuevos entierros. Sin embargo, y en este caso en particular, la muerte habla de vida, de la vida de un género que poco a poco va ganando el lugar que se merece, gracias al arrojo de editoriales que se animan y a la pluma de escritores que sacan afuera sus fantasmas sin esperar a cambio más que la catarsis propia de ese ejercicio.

            Anímense. Lean este libro. Todos formamos parte de este Osario común, ya que apenas nos diferenciamos cuando de nuestros huesos se trata.

***
A continuación, les dejo la lista con los cuentos y sus autores:

            “En el patio, con Mortimer, conmigo” de Fabio Ferreras
            “Fin de curso” de Mariana Enriquez
            “La habitación de mamá” de Pablo Schuff
            “El que habita en las arenas” de Pablo Tolosa
            “Enterrado” de Jorge Baradit
            “Ojos verdes” de José María Marcos
            “Metano” de Walter Iannelli
            “El centinela” de Alejandra Zina
            “Abrirse paso” de Claudia Cortalezzi
            “La mecánica del infierno” de Ignacio Román González
            “El comienzo” de Gerardo Quiroga
            “Quemar a madre” de Ricardo Giorno
            “Gringos de tierra y río” de Sebastián Chilano
            “En la ruta” de Gustavo Nielsen
            “Solución de continuidad” de César Cruz Ortega
            “La estatuilla y la muerte” de Alberto Ramponelli
            “Afuera sigue cayendo ceniza” de Emiliano Vuela.

11 de enero de 2014

BESTIAS AFUERA, de Fabián Martínez Siccardi




«–En un sitio como éste hay que controlar la tendencia de la mente a poblar lo inhabitado. Acá, los pensamientos se agrandan y pueden terminar saliendo de las maneras más inesperadas, más perturbadoras.»
Fabián Martínez Siccardi, Bestias afuera.


El aislamiento, la rusticidad, la naturaleza al mismo tiempo yerma y exuberante, lo salvaje… Todo esto forma parte de la vida en La Guillermina, la estancia patagónica a la que debe ir Florián, un agrónomo recién recibido de 24 años, con el fin de realizar una recopilación de pulgones para estudiarlos, luego, en el laboratorio. Desde un comienzo, su llegada a La Guillermina está marcada por un alejamiento de todo y un adentramiento a lo recluido (no sólo geográfica, sino también temporalmente): «Dentro de ese contorno [que delimitaba la estancia] se concentraban los únicos elementos humanos en kilómetros a la redonda; afuera quedaba lo salvaje, lo inalterado» (p. 13). En esta dicotomía entre lo salvaje y lo civilizado, entre lo bestial y lo humano, que nos trae a la memoria el binomio sarmientino, se desarrolla Bestias afuera, la novela de Fabián Martínez Siccardi que acaba de ganar el Premio Clarín de Novela 2013.

            Cuando Florián, junto a su perro Atila, llega a La Guillermina es recibido por Bastiana, la mujer que cuida de Haroldo (el dueño de la estancia, un hombre enfermo y envejecido) y se encarga de las cuestiones domésticas. Las palabras con que Bastiana recibe a Florián están lejos de ser de bienvenida y se dirigen más a Atila que a él: «Las bestias afuera» (p. 15). La inflexibilidad de la mujer plantea ya la imposibilidad de ir en contra de las reglas de la estancia: los animales, las bestias, se quedan afuera, las personas, adentro. Florián debe, entonces, encontrar la forma de ubicar a Atila, con quien mantiene una relación de amistad ajena a toda distinción entre lo humano y lo animal. Más tarde descubrirá, con el transcurrir de los acontecimientos, que él no es el único incapaz de establecer este tipo de distinciones.

            La novela está buena justamente por eso: con una prosa simple, aunque no exenta de profundidad, Martínez Siccardi nos introduce en un universo conformado por un número reducido de personas y por una serie de reglas que, por rígidas o inalterables que parezcan, no tardarán en mostrar sus fisuras. Incluso la regla principal, la de las bestias afuera, comenzará a desdibujarse, mostrándonos cómo las personas pueden llegar a ser tan bestiales, o más, que los animales. Y es entonces cuando notamos que las dicotomías ya no funcionan, que los binomios dan paso a las ambigüedades y éstas a las integraciones, para ponernos en un lugar incómodo en el que nada es lo que parece o lo que nos gustaría que fuera, donde los hombres son capaces de las peores acciones y los animales, simples víctimas de nuestras perversiones. Ni la realidad misma quedará libre de contaminación, y las barreras de lo real y lo sobrenatural se quebrarán con la misma facilidad con que un árbol seco es arrastrado por la fuerza salvaje de un río embravecido.

            Afín a una tradición amplia, que incluye a escritores como Ezequiel Martínez Estrada y Henry James, Bestias afuera es una buena opción para estos meses de calor y escasa energía eléctrica. Los invito a leerla.


***

Sobre el autor: Fabián Martínez Siccardi nació en Río Gallegos en 1964. Aunque en la actualidad vive y trabaja (como traductor e intérprete) en Buenos Aires, durante gran parte de su vida careció de una residencia fija, estableciéndose en distintas ciudades de la Argentina, Estados Unidos y España. Entre sus trabajos cabe destacar la novela juvenil Patagonia iluminada (2012) y los relatos “Memoria fotográfica” (segundo premio Hucha de Oro, 2003), “El santo invisible” (segundo premio Ciudad de Zaragoza, 2005), “If then a man” (en coautoría con el sudafricano Arthur Rose y finalista del Glimmer Train Press, 2012) y “Laika” (premio Alberto Lista, 2007, y adaptado al teatro por el mismo Martínez Siccardi bajo el nombre Laika, no te escondas).

- Martínez Siccardi, Fabián. Bestias afuera. Buenos Aires, Clarín-Alfaguara, 2013.


5 de enero de 2014

EL PSICOANALISTA, de John Katzenbach




Las reglas indican que en una reseña crítica primero se debe dar un breve resumen de la obra y después desarrollar la opinión que se tiene de la misma. Permítanme evadir un poco esas reglas e ir directamente al grano: El psicoanalista (2002) de John Katzenbach es una acumulación de quinientas páginas de puro tedio. Todavía no puedo entender cómo me hablaron tan bien de esta novela, que, de hecho, me vienen recomendando desde hace diez años. Pero bueno, de la misma manera que la vida no es justa, el mundo de la valoración estética no tiene por qué serlo.

            Ahora sí, vamos a ver de qué trata la historia. El psicoanalista nos pone en escena al doctor Frederick Starks (Ricky para los que lo conocen), un psicoanalista que, después de perder a su esposa a manos del cáncer, mantiene una vida gris, con pocos sobresaltos y centrada en su trabajo. Por lo menos hasta el día en que cumple cincuenta y tres años, día en que, a su vez, recibe una extraña carta de alguien que se hace llamar Rumplestiltskin, indicándole que si no descubre quién es él (emulando el cuento tradicional del que tomó el nombre) en exactamente quince días, va a tener que suicidarse o, de lo contrario, verá sufrir o morir a algún ser querido. El doctor Starks no tiene ningún ser que le sea realmente querido, pero se niega a ser responsable de una muerte ajena (o de algo incluso peor), y por eso decide seguir el juego de su acosador. A lo largo de las quinientas páginas mencionadas, veremos cómo se desarrolla un juego de víctimas/victimarios que no cesará de cambiar y que mostrará las distintas formas en que se puede empujar al límite a una persona.

            Hasta ahí la novela parece buena, ¿no? Bueno, no. Por la forma en que está desarrollado el argumento, se trata de una novela que se podría haber hecho en doscientas páginas, no en quinientas, lo que la vuelve tediosa, por momentos poco menos que insoportable. Katzenbach, en su intento por desarrollar un thriller psicológico, nos abruma con los pensamientos del protagonista, extendiéndose páginas y páginas en elucubraciones que, careciendo de la fuerza introspectiva de una primera persona, son expuestas de forma sistemática, y hasta ridícula, por un narrador omnisciente que sabe lo que Starks hubiera pensado de conocer un dato que ignora, pero duda al momento de afirmar cuántos grados descendió la temperatura. Dicho en pocas palabras, entramos a la novela esperando encontrar un thriller psicológico y nos encontramos con un aburrimiento mental.

            Por último, y para aquellos a los que les gusta el misterio, les digo que ese juego de víctimas/victimarios se resuelve de manera definitiva en las últimas páginas de la novela. De cualquier forma, no van a tener que esperar tanto. La resolución, salvo en alguno que otro detalle, es bastante predecible y el rompecabezas se vuelve evidente mucho antes de que todas las piezas ocupen su lugar.

            En fin, El psicoanalista de John Katzenbach fue una novela de considerable éxito que todavía hoy se sigue reeditando y vendiendo. Paradojas de la vida. Desde este modesto blog, no la recomiendo. No obstante, sean libres.




***

Sobre el autor: John Katzenbach nació en Estados Unidos en 1950. Trabajó como periodista especializado en temas judiciales al tiempo que desarrolló su carrera de escritor y de guionista de cine (en películas basadas en sus propias novelas). Entre sus novelas más conocidas, se encuentran Al calor del verano (1982), Juicio final (1992), El psicoanalista (2002) y El profesor (2010).


15 de diciembre de 2013

DOCTOR SUEÑO, de Stephen King




«“Pensaba que las cosas no podían empeorar…
pero siempre pueden, y a menudo lo hacen.»


            Danny Torrance (ese chico poderosamente indefenso de El resplandor, que tenía que cuidarse de su padre alcohólico y violento que quería matarlo) ya no es más Danny, ahora es Dan, un hombre que superó los 30 años y que, como antaño su padre, debe lidiar con los monstruos de la rabia y el alcohol. Pero el caso de Dan es todavía más complejo: no bebe sólo por debilidad ante un vicio poderoso y, de alguna manera, heredado, sino que lo hace para acallar las voces, para apagar aquello que lo distingue y lo hace especial, el resplandor (“El alcohol aplastaba el resplandor, lo noqueaba”, p. 55).

            En esta ocasión, somos testigos de cómo Dan Torrance toca fondo y decide encarrilar su vida. Se muda de ciudad, concurre a Alcohólicos Anónimos y consigue trabajo. Y cuando su vida comienza a acomodarse, cuando las cosas por fin parecen tomar un rumbo, empieza la pesadilla. No podía ser de otra manera; después de todo, estamos ante la última novela de Stephen King.

            Doctor Sueño es la continuación (independiente, para algunos) de El resplandor, aquella novela de 1977 que consolidó la carrera de Stephen King y que, todavía hoy, sigue siendo una de las favoritas de los seguidores del escritor de Maine. En Doctor Sueño volvemos a ver a Wendy Torrance, la mamá de Dan, y a Dick Hallorann, el entrañable cocinero del Hotel Overlook. Pero la historia no se detiene ahí, sino que avanza. Dan se convierte en hombre y conoce a Abra, una nena con un grado tan alto de resplandor que opaca, incluso, su propio don. También aparece Rose la Chistera, Papá Cuervo y Barry el Chino, miembros del Nudo Verdadero, un grupo de seres que se alimenta del resplandor (que ellos mismos llaman “vapor”) de los niños especiales. Como Abra en ese momento, como Danny cuando era chico.

            El Nudo Verdadero lleva siglos alimentándose del vapor de esos chicos especiales. Para hacerlo, para purificar y extraer el vapor, secuestran, torturan y asesinan a los niños. Después los aspiran, logrando con eso poder y longevidad. Pero el Nudo no está pasando por un buen momento, una enfermedad lo está diezmando y la única esperanza que tienen sus miembros es la de encontrar a un niño con un vapor lo suficientemente poderoso como para curarlos. Cuando descubren a Abra, su persecución se vuelve una necesidad. Pero, claro, Abra no es una chica común, ni siquiera entre las personas especiales, como tampoco lo es su amigo Dan, que la ayudará a enfrentar a ese Nudo y, de ser posible, a detenerlo.

            La novela está muy buena. Si bien no supera en calidad a su predecesora 22/11/63 (tal vez una de las mejores de toda la bibliografía de King), es sin lugar a dudas una de las más emotivas. Como suele ocurrir con las historias de King, no nos enfrentamos a personajes, sino a personas, complejas, queribles y odiables por igual, humanas, demasiado humanas aunque posean capacidades sobrenaturales o hayan dejado, incluso, el plano físico de la existencia. En el caso de Doctor Sueño, las emociones en torno a los personajes se multiplican. Después de todo, se trata de Dan, el chico que ya aprendimos a querer, y de Jack (de alguna manera siempre presente), Wendy y Dick, y de los nuevos, Abra, John, Billy y Momo, entre otros. Stephen King entiende de personas, y eso se nota en la forma en que construye a sus personajes. Asimismo, no sería exagerado afirmar que, tal vez por eso, entiende de miedos.


            Para terminar, quiero hacer una advertencia. Leí en varias reseñas (hasta el mismo King llegó a afirmarlo) que no hace falta leer El resplandor para abordar Doctor Sueño. Es cierto, no hace falta, de la misma manera que no hace falta saber nadar para ir a pasear en bote. De cualquier manera, yo no lo recomiendo. Si quieren escuchar mi humilde consejo, antes de leer Doctor Sueño, lean El resplandor. Después de todo, no es algo que vayan a lamentar.


***
.
Sobre el autor: Stephen King nació en Maine (EE.UU.) en 1947. Estudió en la universidad de este Estado y después trabajó como profesor de literatura inglesa. Su primer éxito literario fue Carrie (1974), que, como muchas de sus novelas posteriores, fue adaptada al cine. Lleva escritas más de cuarenta novelas (entre las que se destacan Cementerio de animalesItThe Green MileUn saco de huesos y la saga La torre oscura, entre muchas otras) y doscientos relatos. En 2003 fue galardonado con el premio literario estadounidense de mayor prestigio, la medalla de The National Book Foundation for Distinguished Contribution to American Letters.


-          King, Stephen. Doctor Sueño. Buenos Aires, Plaza & Janés, 2013.


27 de octubre de 2013

LA MALDICIÓN DE CHUCKY: hora de morir





Un muñeco Chucky llega, aparentemente por error, a una casa en la que viven una hija discapacitada y una madre depresiva. Inmediatamente después, la sangre empieza a correr y, como bien podemos suponer, ya no se va a detener.

            La maldición de Chucky (Curse of Chucky, 2013) intenta, a su modo y como puede, ser una continuación de la saga al tiempo que una precuela. Retoma la historia desde sus orígenes y la continúa, sin desentenderse de las cinco películas anteriores. La intención que persigue es evidente: reconciliarse con los fans, que ya habían rechazado las dos películas anteriores, La novia de Chucky (1998) y El hijo de Chucky (2004). Para esto, hace guiños, respeta la esencia del personaje, intenta mantener a raya el absurdo y da, sin restricciones, la cuota de violencia y sangre a la que nos tiene acostumbrados.

            Pero los resultados son malos. No se logra generar suspenso, la repetición de fórmulas nos permite adelantarnos a los acontecimientos con la misma seguridad con que nos adelantaríamos a una película ya vista. No es para sorprendernos, la innovación de calidad no suele ser el objetivo de este tipo de producciones. Para conformar, repiten, no innovan. Además, si algo tienen en común los personajes que en ellas aparecen (Freddy, Jason, Myers, Chucky mismo) es su inmortalidad: no importa cuánto les peguen, apuñalen o disparen, siempre vuelven. Bueno, tal vez sea hora de que no vuelvan, de que descansen y mueran. Intentar resucitarlos ya no tiene, hoy por hoy, sentido. Fueron grandes y aterradores en los ‘80, hoy son la parodia de sí mismos.

Mi recomendación es, en este caso, parcial. La película no vale la pena. Ahora bien, los fans (que toleraron las entregas anteriores) tal vez se vean recompensados. Hagan la prueba y véanla. Más desilusionados de lo que ya están de seguro no van a quedar.


Ficha técnica:
Título original: Curse of Chucky
Año: 2013
Duración: 97 min.
País: Estados Unidos
Director: Don Mancini
Guión: Don Mancini
Reparto: Brad Dourif, Danielle Bisutti, Fiona Dourif, Brennan Elliott, A Martinez
Productora: Universal Home Entertainment / Universal Pictures


22 de septiembre de 2013

EL CONJURO: hasta los huesos





El conjuro (The Conjuring), de James Wan, se perfila como una de las mejores películas de terror de este 2013. Veamos por qué.

Los Perron en EL CONJURO
Roger Perron y su esposa Carolyn invierten todos sus ahorros en la compra de una casa en el Estado de Rhode Island para mudarse a ella junto a sus cinco hijas. Todo parece un sueño: la familia perfecta en la casa perfecta, con su lago a pocos pasos, los árboles añosos y la tranquilidad que sólo el campo puede otorgar. Pero muchas veces los sueños no son más que frágiles telones que apenas pueden ocultar las peores pesadillas. Y la pesadilla de la familia Perron no se hace esperar, encarnándose en una serie de experiencias sobrenaturales que pondrán en peligro a todos los integrantes de la familia, en especial a las mujeres. Desesperada, Carolyn busca ayuda en Ed y Lorrain Warren, un matrimonio de demonólogos (Lorrain es, además, psíquica y médium) que realizan investigaciones de fenómenos paranormales. Con su intervención, tratarán de ponerle fin a la pesadilla.

Los Perron reales
            La historia está basada en los archivos del matrimonio Warren. Tal como muestra la película, Ed y Lorrain Warren acudieron a la casa de la familia Perron para evaluar el caso y, de confirmarse una efectiva actividad paranormal, ponerle fin a los extraños acontecimientos, lo que no descartaba recurrir a la Iglesia Católica en busca de un exorcista. Por esto mismo, la etiqueta “basada en hechos reales” es, en El conjuro,  totalmente cierta.


- Ed y Lorrain Warren

Ed y Lorraine Warren en la película

Los verdaderos Ed y Lorraine Warren

Ed Warren (7 de septiembre de 1926 - 23 de agosto de 2006) fue un investigador y demonólogo estadounidense. Junto a su esposa Lorraine (31 de enero de 1927), psíquica y médium, fundó en 1952 la Sociedad de Investigación Psíquica de Nueva Inglaterra (New England Society for Psychic Research) y abrió el Museo del Ocultismo, en el que se conservan objetos extraídos de sus investigaciones. No sólo escribieron una cantidad no despreciable de libros sobre el tema, sino que participaron en miles de casos paranormales, siendo los primeros en ir a la casa en Amityville a realizar pesquisas.


- El caso de Annabelle

            El conjuro no comienza con el caso de la familia Perron, sino con la mención de otro caso, el de una muñeca llamada Annabelle, también basado en un hecho real. 

            Debbie y Camila son estudiantes de enfermería que viven juntas y tienen una muñeca entre sus posesiones. Una simple e inofensiva muñeca. Pero las cosas cambian, y las dos muchachas comienzan a presenciar una serie de hechos inexplicables: la muñeca cambia de posición sola, y cuando se van del departamento y la dejan en un lugar, la encuentran en otro al regresar. Después de pensar que la muñeca está poseída, se ponen en contacto con una médium que les dice que el espíritu de una nena de siete años llamada Annabelle Higgins habita ese mismo departamento y se ha encariñado con la muñeca. Entonces, Debbie y Camila le dan permiso al espíritu de Annabelle para que viva a través de la muñeca y, de esa manera, pueda ser también amiga de ellas. Gran error. Annabelle no existe, y lo que está manipulando a la muñeca tiene otras intenciones, mucho más aterradoras que la simple posesión de una muñeca…

            Con este inicio, la película nos pone ya en conocimiento de la forma de actuar del matrimonio Warren, a la vez que funciona como antesala del caso que viene a continuación y que logrará estremecernos hasta los huesos.

La muñeca verdadera y su versión cinematográfica


- La película



            El conjuro está bien hecha, con una historia bien narrada y unas actuaciones impecablemente interpretadas. No hay mucho que agregar a lo ya dicho. Vayan a verla, no se van a arrepentir.

            O sí…


Ficha técnica:
Título original: The Conjuring (The Warren Files)
Año: 2013
Duración: 112 min.
País: Estados Unidos
Director: James Wan
Guión: Chad Hayes y Carey Hayes
Reparto: Lili Taylor, Vera Farmiga, Patrick Wilson, Joey King, Ron Livingston
Productora: WB / New Line Cinema / Evergreen Media / The Safran Company


11 de septiembre de 2013

LOS PADECIENTES, de Gabriel Rolón




«Nadie puede ser completamente feliz sino al costo de una cierta ignorancia, pero esta ignorancia no está al alcance de cualquiera. Por el contrario, hay personas a las que la verdad les reclama desde su propia sangre el derecho a salir de las sombras, y no pueden desoírla aunque quieran, aunque duela o, como en el caso de Pablo, aunque corran riesgos innecesarios.»
Gabriel Rolón, Los padecientes.


            Generalmente, me suele pasar lo siguiente: cuando entro a un libro o a una película con expectativas altas (producto de diversas recomendaciones, trailers interesantes o del puro prejuicio), termino quedando decepcionado; por el contrario, cuando mis expectativas son bajas o nulas, las historias que veo o leo me suelen dejar satisfecho. Con Los padecientes, de Gabriel Rolón, se produjo una excepción: entré con muchas expectativas y salí con ganas de recomendarla. Sorpresas nos da la vida…

            Mis expectativas en relación con Los padecientes fueron alimentadas desde diferentes flancos. Por un lado, no me pasó desapercibido el éxito rotundo de un thriller argentino que había logrado agotar una primera edición. Y por otro, mi primer encuentro con Rolón, más conocido por sus incursiones en libros de autoayuda (sé que él no compartiría esta clasificación), se dio por medio del cuento “El cuarto escalón”, una verdadera obrita maestra, una de las pocas que valen la pena de la compilación Terror publicada por la editorial Planeta en el 2012[1]. Los padecientes, publicada originalmente en el 2010, ya formaba parte de mi lista de pendientes cuando leí este cuento que, debo decir, me cautivó más que la novela. De cualquier forma, “El cuarto escalón” funcionó como incentivo para ignorar el excesivo precio del libro y adentrarme, de una buena vez, en esta única novela de este singular autor[2].

Edición especial
            Los padecientes es una novela escrita por un psicólogo. No estoy siendo cínico (ni idiota), sé que Rolón es psicólogo, pero no me refiero a eso. Lo que quiero decir es que la historia misma está planteada como si se tratara de una sesión de psicoanálisis. Como buen policial, hay un crimen que ya fue efectuado; y como buen policial, un investigador se propone develar quién fue el que lo cometió y en qué circunstancias. En este caso, el investigador no es un detective, sino un psicoanalista, el Licenciado Pablo Rouviot. Pablo fue convocado por Paula, la hija de un importante magnate asesinado, para que testifique a favor de Javier, su hermano, hijo y asesino de la víctima. La idea es que Pablo escriba un informe en el que le asegure al juez que Javier es inimputable. Pablo acepta, pero en un momento determinado su deseo de verdad (que lo impulsa y le da sentido a su vida) empieza a poner en duda lo que todo el mundo daba ya por sentado, incluso los propios implicados en el caso: independientemente de la patología mental que pudiera presentar Javier, ¿es realmente él el asesino? Una simple pregunta, que molestará a personas de las altas esferas del poder y pondrá en serio peligro al Licenciado.

            Como en una sesión de psicoanálisis, entonces, y en contra de lo que dictaría un policial clásico, la verdad no se devela en las pruebas, sino en los diálogos y en las asociaciones que de ellos hace el analista. Los padecientes es verdaderamente un thriller psicológico, ya que la acción se desarrolla en la mente de los personajes. La verdad se juega (y se devela) en una sesión de psicoanálisis. Además, el profundo conocimiento que Rolón tiene sobre estas cuestiones, y su habilidad para incluirlas en la narración sin aburrirnos, hace que Los padecientes sea, también, una fuente interesante de términos científicos. A lo largo de sus páginas, nos enteramos de lo que son “los terrores nocturnos”, “las Falacias Lógicas”, “el Trastorno Límite de la Personalidad” y una larga lista de etcéteras. Estamos ante un thriller psicológico escrito por un psicólogo, y esto nos obliga a prestar atención.

            Por último, se me podría objetar que, formalmente hablando, la novela no carece de debilidades. Es verdad. Los diálogos, tal vez por la necesidad de convertirlos en el medio por el que circula y se devela la verdad, son a menudo artificiosos; los cambios de enfoque entre los personajes por parte de un narrador omnisciente por momentos confunden al lector; y la utilización de un castellano poco “porteño”, con palabras como “allí”, “cabello”, “niña”, casi en desuso en nuestra lengua cotidiana, le da a la novela una atmósfera de extrañeza. De todas formas, estas minucias (importantes sólo para los que se dedican a la literatura) no interfieren ni menoscaban la historia, que a fin de cuentas es lo que realmente importa en una novela.

            La naturaleza de la reseña me exige un balance. A partir de lo expuesto, la conclusión es obvia: si pueden, lean Los padecientes. Está buena.


***

Sobre el autor: Gabriel Rolón nació en Buenos Aires en 1961. Se graduó como psicólogo en la Universidad de Buenos Aires, donde se especializó en psicoanálisis. Participó en diversos programas de radio y televisión, como Tarde negra, La venganza será terrible o RSM, y, en 2008, condujo sus propios programas: Noche de diván (Radio Mitre) y Terapia (única sesión) (América TV). Entre sus libros, cabe destacar Historias de diván (2007), Palabras cruzadas (2009) y Los padecientes (2010), su primera novela.





[1] Ver "Terror (comp.), de editorial Planeta" (aquí).
[2] Queda pendiente un artículo sobre los altos precios de los libros, que, a mi entender, ya atravesaron la barrera de lo razonable.