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15 de junio de 2019

"El rescate" en REVISTA KUNDRA 23






CUENTO NUEVO. Amigos, Revista Kundra sacó, en su número 23, mi cuento “El rescate”. ¡Los invito a descargar la revista y a leerlo!

            ¡Abrazo!



Link: https://revistakundra.wordpress.com/revista-kundra-23/



29 de mayo de 2019

CARRETERA MALDITA, de Stephen King




Estoy sorprendido. En realidad, atónito. Leí Carretera maldita (Roadwork) de Stephen King y no puedo entender cómo se la ha menospreciado tanto. Entre sus detractores se encuentra el mismo King, que no sólo la publicó en 1981 con el seudónimo de Richard Bachman, sino que, encima, afirmó que para él se trataba de la peor novela de su alter ego literario[1]. Por esto mismo tardé tanto en leerla, creí que me iba a defraudar. No podría haber estado más equivocado.

Carretera maldita es una novela psicológica, que cuenta la caída de Barton George Dawes en la locura, después de haber perdido a su hijo por culpa de un cáncer cerebral y de que le informaran que tanto la empresa en la que es gerente como su propia casa serían demolidas para llevar a cabo la construcción de la extensión de la autopista 784.

Muchos de los que me hablaron de esta novela aludieron que, en rigor, no pasaba nada hasta el final. Y tienen razón. Como acabo de decir, Carretera maldita es una novela psicológica en el sentido más estricto de la definición. Por esto mismo, lo que vemos en ella no es una historia, sino un personaje. O, mejor dicho, la historia es la psicología del protagonista, su locura progresiva. La forma en que Dawes se enfrenta a la burocracia y al progreso, el sufrimiento por la muerte de su hijo, la relación con su mujer, la incomprensión que lo rodea, la búsqueda de un sentido al dolor, lo absurdo de una existencia que (como toda existencia) va camino a la nada, la autocompasión que conduce a la autodestrucción, la esquizofrenia como un modo de mantener vivo el remanente de un hijo ausente… son sólo algunos de los tantos temas que me pusieron contra las cuerdas emocionales como si yo fuera un boxeador a punto de ser derribado por su contrincante…

Bueno, tal vez no a punto...

Tal vez esta novela me derribó...

Tal vez perdí por KO.



-King, Stephen. Carretera maldita. Buenos Aires, Sudamericana, 2010.
(Primera edición bajo el seudónimo de Richard Bachman, 1981.)



[1] Stephen King dijo sobre la novela: «Fue un esfuerzo por encontrarle un sentido a la dolorosa muerte de mi madre el año anterior. Un cáncer que la consumió poco a poco. Su muerte y la aparente falta de sentido de todo me afectaron profundamente. Sospecho que Roadwork es probablemente el peor libro de Bachman, simplemente porque él (Dawes) trata de ser bueno y de encontrar algunas respuestas al acertijo del dolor humano». Citado en Burstein, Marcelo. Stephen King. Creador de lo oscuro. Buenos Aires, Ediciones B, 2001, p. 239.

23 de mayo de 2019

3 DÍAS, de Gonzalo Ventura





Una ruta, un accidente, una madre herida, un chico desaparecido y un personaje que, en su afán de hacer el bien, no deja de sembrar el infierno… Ah, y algo que escapa en plena noche. Algo monstruoso y retorcido, maligno y antiguo, que ahora está libre y que puede llevar a la humanidad a un nuevo y atroz (re)nacimiento.

            3 días, de Gonzalo Ventura, es una novela de terror que nos sumerge en una vertiginosa jornada que, como el mismo título lo indica, se extiende por tres días.

Después de sufrir un accidente automovilístico en la oscura ruta 40 de Bariloche, Cecilia Amato aparece caminando, desorientada. Está herida y pregunta por su hijo, Martín, que estaba con ella en el auto. El chico no aparece y ella es ingresada al Hospital Zonal de Bariloche. Ahí conocerá al doctor Hernán Pastori, hombre recientemente separado que, en un intento desesperado por recuperar el entusiasmo en la vida, va a sentir un interés poco profesional por ella hasta el punto de ir más allá de lo que aconsejaría la ética médica y la misma ley.

Por otra parte, el padre Enrique, otro de los involucrados en el accidente, despierta de uno de sus episodios de catalepsia. Le duele todo, está lastimado y sabe algo que lo hace temblar de pies a cabeza: aquella noche, la cosa que llevaba prisionera en la caja de su camioneta, escapó. Ahora tendrá que buscarla y matarla (si es que eso es posible), por el bien de todos. Con las pocas energías que le quedan, el padre Enrique se equipará con armas, tanto terrenales como celestiales, y, junto a su ejército de leales y feroces perros, saldrá de caza.

3 días. Este es el lapso que durará la búsqueda de Cecilia y la caza de Enrique. Este es el tiempo que estaremos junto a los personajes. Cuando los tres días lleguen a su fin, nada será lo mismo. Tampoco nosotros mismos.

De lectura ágil, con capítulos cortos que se suceden unos a otros como el agua se escurre entre dos manos nerviosas, esta novela apenas permite respirar. Leerla es querer seguir leyendo. No lo duden, 3 días de Gonzalo Ventura se lee en menos que eso y se sigue disfrutando durante mucho más.

Como cierre de esta reseña, firmo mi recomendación con sangre.




- Ventura, Gonzalo. 3 días. Buenos Aires, Santa Guadaña, 2017.




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Sobre el Autor: Gonzalo Ventura es escritor, guionista, director creativo y cinturón negro de Brazilian Jiu jitsu de la Academia Sukata. Ha sido autor y guionista de varias historietas, series de tv y campañas publicitarias nacionales e internacionales. Estuvo a cargo del curso de guión en la Escuela Argentina de Historieta. Fue alumno de Carlos Trillo. Actualmente, trabaja junto a Alberto Fasce en el guión de la próxima película de Daniel de la Vega.










1 de mayo de 2019

LA LENGUA DE LOS GECKOS, de Fabián García




Transposición de la presentación del libro de Fabián García, La lengua de los geckos (Muerde Muertos, 2019), llevada a cabo en La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

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Como primera medida, quisiera presentarles, de forma general y un tanto técnica, el libro La lengua de los geckos, de Fabián García.

Se trata de una de las novedades de Muerde Muertos de este año. El libro cuenta con diez cuentos que nos hacen recorrer un camino que va desde un género que se podría llamar fantástico biológico (con relatos como “La lengua de los geckos”, “La flor lejana”, “El pliegue iterativo” o “Luli”) a un terror realista (“El lápiz”, “Comunión” o “Un último abrazo”, que cierra el libro). Pero esto no es todo. También lo vemos recorrer esos inhóspitos caminos del horror cósmico que, inevitablemente, y de manera injusta, relacionamos con Lovecraft. Digo de manera injusta porque no me gusta este tipo de comparaciones, y creo que un libro como La lengua de los geckos no lo necesita. Este libro de Fabián García es un universo en sí mismo, que va más allá de toda clasificación y, por eso mismo, de todo paralelismo.

A ese fantástico biológico que antes mencionaba y que nos pone cara a cara con animales en apariencia inofensivos (pero que esconden una realidad peligrosa), con plantas llegadas del espacio exterior que amenazan con transformar a la humanidad; a ese horror cósmico lleno de dioses marinos que esperan en las profundidades del mar, de seres herederos de quién sabe qué razas antiguas y qué religiones olvidadas se suman personajes humanos (dolorosamente humanos) que arrastran su soledad, su desubicación y su exclusión social hasta el punto de hacernos dudar de quiénes son los verdaderos monstruos: si aquellos que provienen de realidades ajenas al mundo que conocemos o éstos que muestran cómo la realidad de nuestro mundo es, por indiferente, monstruosa.

Pero no sólo quiero hablarles del mundo (o de los mundos) dentro de La lengua de los geckos. También quiero hablarles del mundo que está afuera del libro, éste que tenemos al alcance de nuestras manos, lleno de distracciones y de vértigo, con personas que quieren ahora mismo lo que en realidad no desean y siempre se esfuerzan por llegar lo antes posible a donde no quieren ir. Quiero hablar de lo que La lengua de los geckos hace con este mundo. Y lo que hace es ponerlo en pausa. No es casual que la presentación se haga, justamente, un día de paro nacional[1]. Mientras La lengua de los geckos está presente, el mundo desaparece. Y esto, muchos de ustedes estarán de acuerdo conmigo, es algo verdaderamente inusual.

En relación con esto, tengo que admitir que cada vez me cuesta más mantener una lectura continua y sostenida sin tomarme pequeñas pausas para revisar el celular, hacerme un café o ir al baño. Cuando me impongo leer durante más de media hora seguida, no es más que eso, una imposición que tengo que mantener a fuerza de esfuerzo y autocontrol. Mi atención, antaño férrea, ahora necesita de esos lapsus recreativos. Y esto no solo con la literatura. Antes, me acuerdo de que las publicidades en medio de una película eran tomadas como una ofensa propia de un sistema capitalista decadente; ahora, por el contrario, las pausas son esperadas con ansiedad y, cuando no llegan, las inventamos nosotros con el control remoto. Ahora bien, nada de esto tiene sentido cuando hablamos de La lengua de los geckos. Lo que me pasó con este conjunto de cuentos es que, cuando empezaba a leer, todo el resto desaparecía. Las páginas pasaban una detrás de otra sin que me diera cuenta y, cuando un relato terminaba, me sorprendía no sólo la cantidad de hojas que no había advertido, sino los minutos (que se contaban por decenas) que se habían deslizado por una fractura digna de una de las historias de este libro. Esto es, sin lugar a dudas, algo para destacar. Son pocas las historias que detienen al mundo. La lengua de los geckos está lleno de ellas.

Bueno, cierro con unas simples palabras de recomendación: lean La lengua de los geckos de Fabián García. Como ocurre siempre con los libros de Muerde Muertos, se embarcarán en un viaje con pesadillas aseguradas.

Gracias.



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Sobre el autor: Fabián García nació en 1973, en la ciudad de Buenos Aires, y vive en Ramos Mejía. Asistió a los talleres de poesía de Osvaldo Bossi y Walter Cassara, y actualmente trabaja su narrativa con Guillermo Martínez. Publicó sus poemas en fanzines y revistas, y colabora con artículos en diversos medios digitales. Devoto del relato de horror (en especial el del siglo XIX) y la ficción distópica, admira a Borges, a Kafka y a Poe. El sello Muerde Muertos publicó en abril de 2019 La lengua de los geckos, su primer libro de cuentos en la Colección Muertos dedicada al terror.


- García, Fabián. La lengua de los geckos. Buenos Aires, Muerde Muertos, 2019.




[1] En efecto, la presentación se realizó el 30 de abril de 2019, día de paro nacional.

6 de abril de 2019

CEMENTERIO DE ANIMALES (2019): A mitad de camino (de la nada)







No tiene mucho sentido que haga una síntesis de Cementerio de animales (Pet Sematary), todos la conocen. Sólo diré que la familia Creed se muda a un pueblito llamado Ludlow con la intención de llevar una vida más relajada. Louis, el padre, comienza a trabajar como médico en el campus de la universidad, mientras que Rachel, su esposa, se queda en casa con sus dos hijos, Ellie y Gage, y su gato, Church. Recién mudados, entra en su vida su vecino, el viejo Jud. Poco después, aparece la desgracia. El resto, como se suele afirmar, es historia.

            Mientras miraba la película, sumido en la oscuridad del cine, no podía evitar hacerme una simple y obsesiva pregunta: «¿por qué?». ¿Por qué adaptar una película cuya novela es excelente? ¿Por qué volver a hacer una película que ya se ha hecho eficazmente treinta años atrás? ¿Por qué introducir cambios en la historia que no sólo no suman, sino que restan? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

            Por supuesto, dejando de lado el factor económico, no hay una respuesta que lo explique.

            Ya antes reflexioné sobre la razón de ser de las remakes[1]. Básicamente, no creo que haya un verdadero motivo (artísticamente hablando, claro) para hacerlas. Nunca una remake puede salir ganando. Si es muy similar a la película original, su existencia carece de sentido (¿por qué no ver la original entonces?), y si es muy diferente carece de explicación (¿por qué no hacer una película enteramente nueva?). Por otra parte, y con respecto a su calidad, si la remake es mejor, defraudará al fan (que ya tiene en el film anterior un objeto de culto), mientras que si es peor, no tiene razón de ser. Y si encima sumamos el factor literatura, la ecuación se exacerba. Son muy pocas las películas que logran cierta dignidad ante el libro. Sólo una sucesión de generaciones indolentes puede explicar el éxito de algunos films. Así, como muchas personas ya no tienen la intención (ni la capacidad) de leer una novela, esperan con fruición y ansiedad la película, creyendo ilusoriamente que disfrutan de Stephen King sólo por ver alguna de sus innumerables adaptaciones. 

            Y esto nos devuelve al tema principal del artículo. 

            El problema con películas como Cementerio de animales (al igual que con It[2]) es que no se valoran según lo que son, sino según lo que deberían ser (es decir, según lo que no son). Cuando tenemos que opinar sobre Cementerio de animales (2019), lo hacemos comparándola con el film de 1989 o, lo que la deja todavía en peores condiciones, con la novela de Stephen King de 1983. Lo que en el libro era excelente, en la adaptación de los 80 era aceptable, mientras que en esta nueva versión simplemente «no es»: la relación de Louis con sus suegros, la presencia de Church en la familia, la necrofobia de Rachel, el vínculo paternal de Louis con Jud, las historias pasadas en torno al cementerio micmac y una larga lista de etcéteras. Todo en esta nueva adaptación es rápido, tan rápido que apenas permite una ligera empatía del espectador con los personajes. Los recursos son ante todo sensibles (apariciones visuales abruptas con las esperadas subidas de volumen), abandonando tanto el componente psicológico y emocional como el clima de absoluta perturbación, presentes tanto en el film anterior como en la novela.

            En conclusión, Cementerio de animales/libro deja una marca en el lector que permanece mucho más allá de la lectura de sus páginas. Cementerio de animales/película/1989 deja una marca en el espectador que permanece más allá de los minutos de pantalla. Cementerio de animales/película/2019 deja una angustia por ausencia de marca.

            En fin, creo que no estaría mal que la industria del cine olvidara por un momento que es una industria y se centrara en su costado artístico. Así, tal vez (y sólo tal vez), empezaríamos a disfrutar de películas originales y de buena calidad.


***
Título original: Pet Sematary
Año: 2019
Duración: 101 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Dennis Widmyer, Kevin Kolsch
Guion: Dave Kajganich, Jeff Buhler (Novela: Stephen King. Historia: Matt Greenberg)
Música: Christopher Young
Fotografía: Laurie Rose
Reparto: Jason Clarke, John Lithgow, Amy Seimetz, Jeté Laurence, Hugo Lavoie, Lucas Lavoie, Naomi Frenette, Alyssa Brooke Levine
Productora: Alphaville Films / Paramount Pictures



4 de marzo de 2019

"TE GUSTE O NO" en Periódico Irreverentes



     ¡CUENTO NUEVO! Amigos, arrancamos la semana con todo. Periódico Irreverentes acaba de publicar mi relato "Te guste o no". Los invito a leerlo.

https://periodicoirreverentes.org/2019/02/25/te-guste-o-no/







CRÓNICA DE UNA EXPERIENCIA PARANORMAL: "El ángel de la guarda"




“Ángel de la guarda” de Bartolomé Esteban Murillo (1665-1666)


La maestra abrazó a Benjamín, mi hijo, le dio un sonoro beso en la mejilla y le entregó un enorme globo amarillo. Benja, ya deseoso de irse, salió corriendo de la sala de 5 años del Jardín Municipal Nº 12 con una sonrisa enorme y el globo entre sus manos. Después, la rutina de todos los días: revisar que todo estuviera en condiciones (el cuaderno en la mochila naranja, la campera en el perchero) y salir a la calle para volver a casa.

Ya en la vereda, me encontré con una mamá del jardín, con la que empecé a hablar sobre cuestiones que ya hoy no recuerdo, pero que con toda seguridad versaban sobre el día a día de los chicos. Fue entonces cuando Benja empezó a lanzar el globo hacia arriba y a perseguirlo según lo llevara el viento. Sin perderlo de vista, yo me debatía entre la educación de hacer callar a la mamá y la desesperación de ver que Benja se alejaba más y más por la vereda. Cuando ya estuvo lo suficientemente lejos, dejé de lado mis tapujos y, levantando una mano, interrumpí a la mujer, al tiempo que le gritaba con todas mis fuerzas a mi hijo para que volviera. Por supuesto que no lo hizo, sino que siguió en pos de su juguete. Seguí gritando, hasta que pude ver cómo el globo cambiaba de trayectoria y se acercaba peligrosamente hacia la calle. Benjamín, pendiente sólo de él, bajó el cordón y se perdió entre dos autos estacionados.

            Grité, desesperado y en vano, y empecé a correr hacia donde estaba mi hijo, sabiendo que si él seguía caminando no había nada que yo pudiera hacer. Sólo lograba ver el globo amarillo, flotando por encima de los autos, en dirección a la calle…

            No voy a mentirles, en ese momento no pensé en nada más que en mi hijo y en el peligro que corría. Sólo después se me vendría a la mente la semejanza de la escena que estaba viviendo con la de Cementerio de animales de Stephen King. Cuando dicha escena se me presentó, el peligro ya había pasado, aunque las piernas todavía me temblaban y el corazón no había disminuido el ritmo de sus latidos.

            En fin, me había quedado en el momento en que el globo se acercaba peligrosamente a la calle. No podía ver a mi hijo, ya que estaba entre dos autos estacionados, pero no dudaba de que su atención estaba centrada exclusivamente en el puto globo y que lo iba a seguir a dondequiera que fuera. Y entonces, lo imposible. Cuando el globo ya había sobrepasado los autos y estaba sobre la calle, cambió de dirección de manera abrupta y volvió hacia la vereda. Detrás de él, corriendo, apareció mi hijo, saliendo de entre los autos. Cuando llegué, él ya tenía el globo entre las manos y estaba tan seguro como se podía estar en una vereda de la localidad de Morón.

            Volvimos finalmente hasta donde estaba la mamá del jardín, quien, ante mi sorpresa, estaba más pálida que yo.

            –¿Qué pasa? –le pregunté.

            Ella me miró, confundida.

            –¿No lo viste? –me preguntó a su vez.

            –¿Qué cosa?

            En un primer instante, pensé que se refería a alguna persona que, oculta a mi mirada por los autos, le había dado un manotazo al globo para que regresara a la vereda, ya que su cambio de trayectoria había sido abrupto y (al menos en ese momento me lo pareció) físicamente imposible. Sólo la intervención directa de una fuerza hubiera podido hacerlo cambiar de dirección de esa manera. Pero no, la mamá del jardín no se refería a eso.

            –El camión –dijo–. Venía un camión. Si Benja seguía, lo agarraba.
           
            –¿Y la persona? –le pregunté.

            –¿Qué persona?

            –La que le pegó al globo. Si Benja hubiese seguido, ella lo habría agarrado.

            –Lucas –dijo la mujer, sin recuperar todavía el color–. Yo bajé a la calle para mirar y, a parte del camión que venía, ahí no había nadie.

            El golpe emocional que recibí fue inmediato y contundente. Las piernas me temblaron todavía más y la sensación de estar flotando se incrementó. Si ahí no había nadie, ¿cómo el globo había cambiado de dirección de esa manera imposible?

            Traté de disimular mi confusión. Saludé a la mujer y me fui con mi hijo a la parada del colectivo, para volver a casa. Estaba tan consternado que en vez de agradecer el «milagro» del globo, agradecí a Dios no haber visto el camión.


***


Pensé en esta sección para contar historias verdaderas de personas verdaderas a las que les hubiese pasado algo que se pudiera considerar (o que ellas mismas consideraran) paranormal. Hasta el momento, tengo recopiladas varias experiencias de gente cercana a mí, aunque todavía no me senté a darles forma. Ahora, sin embargo, quiero escribir sobre mí o, mejor dicho, sobre mi hijo (que siempre es una forma de escribir sobre mí). Lo que precedió y lo que sigue a continuación es una interpretación subjetiva de una serie de hechos que me sorprendieron muchísimo. Tal vez el lector interprete todo de una manera distinta y crea que yo, por fin, me resbalé de la cornisa hacia el lado de la locura. Si eso es cierto, espero no arrastrar a nadie en mi caída.


***


            Todo comenzó cuando mi esposa quedó embarazada de nuestro segundo hijo, Benjamín. Ella siempre se encargó de los nombres, por lo que el del pequeño por venir ya estaba decidido. Sin embargo, poco antes del parto, tuve un sueño muy extraño. Soñé que un ángel rodeado de luz se me aparecía mientras yo todavía estaba en la cama y me decía: «Si quieren llamar al chico “Benjamín” está bien, pero sepan que su nombre es “Mateo”». Después, el ángel se fue y yo supongo que desperté (en realidad no lo recuerdo), porque tengo la sensación de que no me olvidé ningún detalle de lo soñado. Desde ese momento, mi hijo pasó a llamarse «Benjamín Mateo».

            Benja fue creciendo y, a diferencia de su hermana mayor, tardó más de lo normal en hablar. Cuando por fin lo hizo, sus dificultades se hicieron evidentes. No pronunciaba correctamente y, para un oído no acostumbrado a su dicción, era poco menos que incomprensible. Por eso, cuando nos contó que tenía un amigo imaginario llamado «A», cuyo nombre recogía el sonido más simple de todos los sonidos, creímos que no era más que una consecuencia esperable en alguien que todavía no podía modular correctamente. Y la vida continuó, con los sobresaltos de todos los días, destinados a convertirse, en su mayoría, en olvido y, en su minoría, en relatos. Benja siguió creciendo (sigue creciendo), luchando, tratamientos fonoaudiológicos de por medio, contra su dificultad para hablar. «A» continuó presente durante un buen tiempo, y ahora sólo es mencionado al pasar, muy de vez en cuando.


***


            Hace poco, mi esposa estaba leyendo sobre los ángeles de la guarda y sobre qué ángel le corresponde a cada persona según su fecha de nacimiento. Honestamente, no creo mucho en esas cosas, pero cuando llegó al ángel de la guarda de Benjamín quedamos más que sorprendidos. Teniendo en cuenta su natalicio, el ángel de la guarda de mi hijo es un querubín y se llama «Hahaiah». Me pregunto como puede escuchar y reproducir el nombre «Hahaiah» un nene que apenas puede hablar, con una «h» que bien puede ser muda y una «i» que se pierde entre la abundancia de la primera de las vocales. Y sí, si me preguntan a mí, un nene de esas características bien puede reproducir ese nombre con una simple «A».

            Yo solamente me pregunto: ¿Fue «A» quien empujó ese puto globo amarillo, devolviéndolo, de una forma imposible, a la vereda?

Si fue así, gracias, «A». Benja sigue bien.