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14 de octubre de 2018

ESOS NO SON TODOS LOS VICIOS, de Mauro Yakimiuk





            Esos no son todos los vicios cuenta la historia de Marcos, un joven al que de pronto las cosas le empiezan a salir mal. En sus propias palabras: «Un baldazo de mierda atrás de otro. Trabajo, novia, padres. Todo se vino abajo. Qué sé yo»[1]. Y no hay exageración en lo que dice. Todo se derrumba al mismo tiempo: sus padres se mueren en un accidente de autos el día en que festeja su propio cumpleaños, su novia lo deja por su mejor amigo, pierde su trabajo, entre otras adversidades que no mencionaré para no hacer ningún spoiler. Sea como fuere, después de que su vida sufre un rotundo quiebre, Marcos empieza a vagar por la ciudad en busca de una salida, de alguien que le dé una mano. En su recorrido, repleto de peripecias, se encontrará con un mundo cargado de excusas, de personas que no están dispuestas a hacer un favor a menos de conseguir algo a cambio. Y en un mundo así, quien no es un hijo de puta es una víctima, y Marcos no está dispuesto a ser una víctima. Si pudiéramos describir brevemente al protagonista de esta novela, podríamos decir que es un hijo de puta que se cree buena persona en un mundo lleno de hijos de puta que se creen buenas personas. Todos cagan a los demás, y todos encuentran excusas para justificarse.

            Publicada por Azul Francia editora y con prólogo de Luis Mey, Esos no son todos los vicios marca el ingreso de Mauro Yakimiuk al mundo de la narración. Ingreso que, por otra parte, no podría ser más auspicioso. Con esta primera novela, Mauro cumple con todas las expectativas y las supera. Una narración contundente, fácil de leer y que te lleva de la mano sin que notes el empujón; un protagonista complejo, que no nos deja sacar conclusiones definitivas y que nos obliga a reconsiderar, página tras página, todo lo que creemos saber de él; una historia que, en su poco más de cien páginas, genera repulsión y atracción con fuerzas iguales. En definitiva, una novela que no sólo hay que leer, sino también recomendar. Con un poco de suerte, y otro tanto de desgracia, podremos reconocernos en el rostro de Marcos e intuir (hasta que nos libremos con alguna excusa) que (tal vez) nosotros también somos unos hijos de puta que van por la vida con la creencia de ser buenas personas.


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Sobre el autor: Mauro Yakimiuk nació en Buenos Aires en 1979. De carácter multifacético, es escritor, dramaturgo, director de teatro, productor y periodista. Estudió periodismo deportivo en DeporTEA. Además, se formó en producción treatral con Gustavo Schraier, en dramaturgia con Mariana Mazover y en narrativa con Luis Mey. Creó y lleva adelante Entre Vidas, un blog de entrevistas. Esos no son todos los vicios es su primera novela.



[1] Yakimiuk, Mauro. Esos no son todos los vicios. Buenos Aires, Azul Francia, 2018, p. 56.

16 de septiembre de 2018

MAGGIE, una de zombis… bien distinta







Ante la presencia de un nuevo virus, que convierte a los infectados en zombis anhelantes de carne viva, el mundo trata de reponerse y seguir adelante. Las personas hacen lo que pueden, esperando que la ciencia dé las explicaciones necesarias que tanto tardan en llegar. En este contexto, Maggie (Abigail Breslin), una joven que vive en el campo con su familia, es mordida y, en consecuencia, infectada. Desde ese momento, Wade (Arnold Schwarzenegger), su padre, no hace más que cuidar de ella y acompañarla en los últimos momentos de un recorrido que sin lugar a dudas terminará con la transformación definitiva de Maggie.

Si bien las características que Maggie (2015) les otorga a los zombis no difiere de lo que se suele ver en otras películas de esta temática, la forma en que desarrolla el argumento la vuelve novedosa y, por qué no, única. Como todos los muertos vivientes, los zombis de Maggie se convierten en tales después de que otro zombi los muerda. Además, anhelan carne viva (en especial humana) y, una vez transformados, desconocen cualquier vínculo social o amoroso. Lo nuevo, en todo caso, aparece en lo que se refiere a los tiempos de la transformación: mientras que el cine nos acostumbró a conversiones rápidas, prácticamente inmediatas, en esta película podemos ver un proceso lento en el devenir zombi, que no sólo es sufrido por la familia, los amigos y el mismo infectado, sino que también es acompañado con controles médicos y con medicamentos que, si bien no pueden revertir la enfermedad, al menos intentan ralentizarla. En este contexto, el foco no está puesto, como suele estar, en lo terrorífico del «muerto vivo». Para nada. El horror se encuentra en lidiar con el hecho de que uno de los nuestros, a quien amamos, ha enfermado y va a morir.

Wade, entonces, se propone cuidar de Maggie, mientras todo un sistema de salud y de seguridad le indica que lo correcto es entregarla a la «cuarentena». ¿Pero cómo hacerlo cuando la infectada es la propia hija? ¿Cómo abandonar a la persona más amada en los brazos de la muerte y de la soledad? Maggie pone en escena la peor de las tragedias, la del padre que debe ver morir a su hija. Si digo que Maggie es una película de terror, lo hago desde este punto de vista (no es casual que algunos amantes del género la hayan menospreciado).

En fin, con actuaciones dramáticas extraordinarias (entre las que se destaca, tal vez por la sorpresa que genera, la de Schwarzenegger), una fotografía hipnotizadora y una dirección digna de elogio, Maggie logra trascender las fronteras de una temática que, en medio de los horrores, suele sacar más risas que lágrimas. Si andan con ganas de ver una buena película, vean Maggie. Sáquense los prejuicios. Véanla sin proyectar, sin comparar, sin esperar nada. Después de todo, es una de zombis, aunque bien distinta.


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Título original: Maggie
Año: 2015
Duración: 95 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Henry Hobson
Guion: John Scott 3
Fotografía: Lukas Ettlin
Reparto: Arnold Schwarzenegger,  Abigail Breslin,  Joely Richardson,  J.D. Evermore, Laura Cayouette,  Amy Brassette
Productora: Lionsgate / Grindstone Entertainment Group / Silver Reel




LA PUERTA CERRADA en Revista Kundra






CUENTO NUEVO. Amigos, arrancamos septiembre con todo. Revista Kundra acaba de publicar mi relato "La puerta cerrada". Los invito a leerlo.






DEBAJO DEL AUTO en Periódico Irreverentes






NUEVO CUENTO. Amigos, Periódico Irreverentes acaba de publicar "Debajo del auto". Los invito a leerlo. Saludos.

https://periodicoirreverentes.org/2018/07/09/debajo-del-auto/




14 de enero de 2018

SAV VIII, triste y provisorio final

           



            Diez años después de la muerte de John Kramer, una serie de nuevos asesinatos, producto de lo que parece ser un nuevo «juego», vuelve a traer a la memoria su figura. ¿Realmente está muerto? ¿Volvió, tras una década, con el fin de escarmentar a aquellos que lo necesitan y merecen? ¿O se trata de un simple imitador, que se subió a los hombros de un gigante?

Saw VIII (Jigsaw) es la nueva entrega de la saga que en Argentina se conoce como El juego del miedo. En 2010, cuando salió Saw 3D: The Final Chapter, ya me había preguntado si, como se afirmaba, la trama había llegado a su fin. En su momento, así lo deseaba: me gustaba mucho como para verla derrumbarse con un film que no estuviera a la altura de sus predecesores (ver "EL JUEGO DEL MIEDO VII: un balance"). Finalmente, el momento de la desilusión llegó.

            Jigsaw está lejos de cumplir con las expectativas. Se repiten, anacrónicamente, fórmulas que ya vimos con deleite en las películas anteriores, pero que ahora exigirían una renovación. Y no me refiero a los juegos sádicos y a la sangre que desborda por la pantalla (los que disfrutan de estas cosas, tal vez queden conformes), sino a ciertas manipulaciones de las reglas del espacio y del tiempo, sorpresivas y admirables cuando se trataban de una innovación riesgosa, frustrantes al quedar reducidas a una fórmula efectista.

            Además, algo destacable de la saga, y que se mantuvo hasta la entrega anterior, era su uniformidad argumental. Ante cada nuevo guión, seguíamos completando el rompecabezas, que se hacía cada vez más y más asombroso. Ahora, sin embargo, vemos con desilusión que esta nueva historia no se acopla a la anterior, lo que sin duda permitirá un nuevo despliegue a futuro, aunque fracasa en sus intentos de continuidad. Es como si nos enfrentáramos a un rompecabezas nuevo, que alude al anterior sin formar parte de él. Y lo peor de todo es que esto no es el resultado de una decisión consciente. No. Es evidente que la intención de seguir sumando a la historia central está, lo que falta es un buen resultado.


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Ficha técnica:
Título original: Jigsaw
Año: 2017
Duración: 91 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Michael Spierig, Peter Spierig, The Spierig Brothers
Guión: Josh Stolberg, Pete Goldfinger (Personajes: James Wan, Leigh Whannell)
Música: Charlie Clouser
Fotografía: Ben Nott
Reparto: Matt Passmore, Callum Keith Rennie, Clé Bennett, Hannah Emily Anderson, Laura Vandervoort, Tobin Bell
Productora: Lionsgate / Serendipity Productions / Twisted Pictures / A Bigger Boat




8 de enero de 2018

REBEL IN THE RYE (y lo que significa ser escritor)





            Hoy vi Rebel in the Rye, una película basada en la vida de J. D. Salinger. Estoy conmovido e impresionado. La verdad es que conocía poco (o casi nada) de la vida de este escritor. Sabía que se trataba de un autor norteamericano de culto que había decidido convertirse en ermitaño. No mucho más. La lectura de The Catcher in the Rye (a la que llegué, supongo que como muchos otros, por ser el libro que inspiró a Mark Chapman, el asesino de Lennon) echó por tierra la poca curiosidad que sentía. No sé si se debió a que la leí en un momento inapropiado de mi vida o a la insoportable traducción en español peninsular que compré, pero la cuestión es que no me gustó para nada. Me pareció aburrida y monótona. Después de eso, el nombre de Salinger pasó a ocupar ese limbo de autores a los que difícilmente volvería.

            La película comienza con los años iniciales de la carrera de Salinger como escritor, plagada de rechazos y frustraciones, y llega hasta el momento en que decide retirarse de la vida pública, después de haber conocido la fama y el éxito. Pero no sólo eso. Además, y principalmente, la película trata sobre lo que significa ser escritor. Ser escritor de verdad, sin distracciones. Y un escritor de verdad es aquél que escribe sin esperar nada a cambio, sin esperar siquiera la lectura de sus textos. Porque, a veces, hasta publicar puede ser una distracción, que desvía al artista de su producción sometiéndolo con halagos y presiones. Es justamente lo que entendió Salinger, para quien la escritura se había convertido en la religión que le permitió superar los traumas de la Segunda Guerra Mundial.

            Ser escritor, sin distracciones… Dedicar toda una vida a escribir sin esperar nada fuera de la misma escritura… ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a eso? ¿Cuántos de nosotros dejaríamos todo para escribir en verdadera soledad? Me hago estas preguntas en un mundo hiperconectado, donde las distracciones se multiplicaron exponencialmente. No sólo esperamos que se lean nuestras historias, sino hasta el estado más banal subido a Facebook o a Twitter (sí, ya sé, también espero que lean esta reseña y le pongan "Me gusta"). ¿Qué diría Salinger de los escritores que pasan más tiempo en sus redes sociales que en sus ficciones?

            Preguntas que me hago y que no estoy seguro de poder (o querer) responder.


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Título original: Rebel in the Rye
Año: 2017
Duración: 106 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Danny Strong
Guión: Danny Strong (Novela: Kenneth Slawenski)
Música: Bear McCreary
Reparto: Nicholas Hoult,  Kevin Spacey,  Zoey Deutch,  Sarah Paulson,  Hope Davis, Victor Garber
Productora: Black Label Media



19 de diciembre de 2017

FIN DE GUARDIA, de Stephen King





«–¿Cómo me he metido en esto? –pregunta lloriqueando.
»–Como todo el mundo se mete en todo –dice Brady sin levantar la voz–. Paso a paso.»
Stephen King, Fin de guardia.


«La trilogía Hodges» llegó a su fin.

Fin de guardia, libro que cierra la serie policial de Stephen King compuesta por las novelas Mr. Mercedes (2014) y Quien pierde paga (2016), acaba de ser publicado por Plaza & Janés en una hermosa edición de tapa dura con sobrecubierta.

            Una vez más, el inspector retirado Bill Hodges tiene que enfrentarse a un caso complicado, en el que muchas vidas (entre las que se cuentan la suya y la de sus más queridos amigos) se ven en peligro. Brady Hartsfield, aquel psicópata que ya había asesinado a varias personas en su atentado en el Centro Cívico y había intentado asesinar a muchas más en el auditorio Mingo durante el concierto de ‘Round Here, vuelve a convertirse en una amenaza. El problema es que, en teoría, Brady todavía no se recuperó de ese último encuentro con el grupo de Bill, ocho años antes, en el que Holly lo golpeó en la cabeza con una cachiporra, ocasionándole daño cerebral. Ahora, confinado en la habitación 217 del Hospital Kiner Memorial, y no siendo mucho más que un «vegetal», Brady desarrolla en secreto una habilidad bastante inusual: puede mover objetos con sólo pensar en ellos y, algo todavía más increíble, influir en la mente de las personas hasta el punto de meterse en ellas y, si lo desea, tomar el control. Con esta nueva habilidad, Brady no deja de pensar en la magnitud de su venganza.

            Fin de guardia es una nueva muestra (como si hiciera falta alguna más) de que Stephen King sigue siendo un maestro en lo que hace. Con la destreza que lo caracteriza, y que lo convirtió en uno de los escritores más exitosos de la historia de la literatura, el autor de El resplandor logra combinar una historia interesante e imposible de abandonar con un trasfondo complejo en el que no sólo cobran vida personajes entrañables, sino que también se desarrollan temas de gran profundidad, entre los que se destaca el suicidio. En efecto, Brady, que ya había inducido al suicidio a Olivia Trelawney (dueña del Mercedes con que se cometió el atentado en el Centro Cívico) y había intentado hacer lo mismo con Hodges, desarrollará su plan teniendo en cuenta su pasión por empujar a las personas hasta el límite y ver cómo, solas, lo atraviesan.

            De esta manera, con Fin de guardia no sólo tenemos una novela para pasar un buen rato, sino una historia que (además del buen rato, por supuesto) es también una reflexión profunda, inteligente y bien informada sobre lo que significa el suicidio en la sociedad norteamericana y, por extensión, en las sociedades hiperconectadas del siglo XXI.

            Por otra parte, es interesante ver «la trilogía Hodges» como un recorrido por la misma versatilidad de Stephen King. Partimos de un formato policial (en Mr. Mercedes), pasamos por un relato en el que la verdadera protagonista es la pasión por la literatura (en Quien pierde paga) y llegamos a un thriller fantástico (en Fin de guardia), todo en lo que podría considerarse una misma historia. No es de extrañar que, entre los lectores constantes, esta última entrega sea una de las más celebradas de la saga.

            No puedo decir mucho más sin incurrir en algún spoiler. Prefiero detenerme antes de arruinarle al lector el innegable placer de dejarse llevar por la lectura. Lo único que puedo agregar (y me temo que con esto ya digo mucho) es que terminé la novela con un nudo en el pecho y lágrimas en los ojos.

Nada más.




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Sobre el autor: Stephen King nació en Maine (EE.UU.) en 1947. Estudió en la universidad de este Estado y después trabajó como profesor de literatura inglesa. Su primer éxito literario fue Carrie (1974), que, como muchas de sus novelas posteriores, fue adaptada al cine. Lleva escritas más de cuarenta novelas (entre las que se destacan Cementerio de animalesItThe Green MileUn saco de huesos y la saga La torre oscura, entre muchas otras) y doscientos relatos. En 2003 fue galardonado con el premio literario estadounidense de mayor prestigio, la medalla de The National Book Foundation for Distinguished Contribution to American Letters.



- King, Stephen, Fin de guardia, Barcelona, Plaza & Janés, 2017.