«Nadie puede ser
completamente feliz sino al costo de una cierta ignorancia, pero esta
ignorancia no está al alcance de cualquiera. Por el contrario, hay personas a
las que la verdad les reclama desde su propia sangre el derecho a salir de las
sombras, y no pueden desoírla aunque quieran, aunque duela o, como en el caso
de Pablo, aunque corran riesgos innecesarios.»
Gabriel Rolón, Los padecientes.
Generalmente,
me suele pasar lo siguiente: cuando entro a un libro o a una película con
expectativas altas (producto de diversas recomendaciones, trailers interesantes
o del puro prejuicio), termino quedando decepcionado; por el contrario, cuando
mis expectativas son bajas o nulas, las historias que veo o leo me suelen dejar
satisfecho. Con Los padecientes, de
Gabriel Rolón, se produjo una excepción: entré con muchas expectativas y salí
con ganas de recomendarla. Sorpresas nos da la vida…
Mis
expectativas en relación con Los
padecientes fueron alimentadas desde diferentes flancos. Por un lado, no me
pasó desapercibido el éxito rotundo de un thriller
argentino que había logrado agotar una primera edición. Y por otro, mi
primer encuentro con Rolón, más conocido por sus incursiones en libros de
autoayuda (sé que él no compartiría esta clasificación), se dio por medio del
cuento “El cuarto escalón”, una verdadera obrita maestra, una de las pocas que
valen la pena de la compilación Terror
publicada por la editorial Planeta en el 2012. Los padecientes, publicada originalmente
en el 2010, ya formaba parte de mi lista de pendientes cuando leí este cuento
que, debo decir, me cautivó más que la novela. De cualquier forma, “El cuarto
escalón” funcionó como incentivo para ignorar el excesivo precio del libro y
adentrarme, de una buena vez, en esta única novela de este singular autor.
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| Edición especial |
Los padecientes es una novela escrita
por un psicólogo. No estoy siendo cínico (ni idiota), sé que Rolón es
psicólogo, pero no me refiero a eso. Lo que quiero decir es que la historia
misma está planteada como si se tratara de una sesión de psicoanálisis. Como
buen policial, hay un crimen que ya fue efectuado; y como buen policial, un
investigador se propone develar quién fue el que lo cometió y en qué
circunstancias. En este caso, el investigador no es un detective, sino un
psicoanalista, el Licenciado Pablo Rouviot. Pablo fue convocado por Paula, la
hija de un importante magnate asesinado, para que testifique a favor de Javier,
su hermano, hijo y asesino de la víctima. La idea es que Pablo escriba un
informe en el que le asegure al juez que Javier es inimputable. Pablo acepta, pero
en un momento determinado su deseo de verdad (que lo impulsa y le da sentido a
su vida) empieza a poner en duda lo que todo el mundo daba ya por sentado, incluso
los propios implicados en el caso: independientemente
de la patología mental que pudiera presentar Javier, ¿es realmente él el
asesino? Una simple pregunta, que molestará a personas de las altas esferas
del poder y pondrá en serio peligro al Licenciado.
Como en una
sesión de psicoanálisis, entonces, y en contra de lo que dictaría un policial
clásico, la verdad no se devela en las pruebas, sino en los diálogos y en las
asociaciones que de ellos hace el analista. Los
padecientes es verdaderamente un thriller
psicológico, ya que la acción se desarrolla en la mente de los personajes. La
verdad se juega (y se devela) en una sesión de psicoanálisis. Además, el
profundo conocimiento que Rolón tiene sobre estas cuestiones, y su habilidad
para incluirlas en la narración sin aburrirnos, hace que Los padecientes sea, también, una fuente interesante de términos científicos.
A lo largo de sus páginas, nos enteramos de lo que son “los terrores nocturnos”,
“las Falacias Lógicas”, “el Trastorno Límite de la Personalidad” y una larga
lista de etcéteras. Estamos ante un thriller
psicológico escrito por un psicólogo, y esto nos obliga a prestar atención.
Por último,
se me podría objetar que, formalmente hablando, la novela no carece de debilidades.
Es verdad. Los diálogos, tal vez por la necesidad de convertirlos en el medio
por el que circula y se devela la verdad, son a menudo artificiosos; los
cambios de enfoque entre los personajes por parte de un narrador omnisciente
por momentos confunden al lector; y la utilización de un castellano poco “porteño”,
con palabras como “allí”, “cabello”, “niña”, casi en desuso en nuestra lengua
cotidiana, le da a la novela una atmósfera de extrañeza. De todas formas, estas
minucias (importantes sólo para los que se dedican a la literatura) no
interfieren ni menoscaban la historia, que a fin de cuentas es lo que realmente
importa en una novela.
La
naturaleza de la reseña me exige un balance. A partir de lo expuesto, la
conclusión es obvia: si pueden, lean Los
padecientes. Está buena.
***
Sobre el autor: Gabriel Rolón nació en Buenos Aires en 1961. Se graduó como psicólogo en la Universidad de Buenos Aires, donde se especializó en psicoanálisis. Participó en diversos programas de radio y televisión, como Tarde negra, La venganza será terrible o RSM, y, en 2008, condujo sus propios programas: Noche de diván (Radio Mitre) y Terapia (única sesión) (América TV). Entre sus libros, cabe destacar Historias de diván (2007), Palabras cruzadas (2009) y Los padecientes (2010), su primera novela.