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23 de noviembre de 2025

EL CONJURO 4: Un final a destiempo





El matrimonio Warren, ya retirado, se ve envuelto en un nuevo y último caso: una familia, tras adquirir un espejo maldito, comienza a experimentar presencias malignas en su casa. Pero esto no termina acá. Lo que se esconde detrás de estas entidades tiene a su vez una vinculación con el matrimonio protagonista y, en especial, con su hija, Judy, una joven que heredó la capacidad perceptiva de su madre y que está a punto de casarse.

            Primero reacios a inmiscuirse en una nueva aventura, principalmente por la frágil salud de Ed, los Warren terminan aceptando por la insistencia de la misma Judy, quien por primera vez interviene en una de las misiones de sus padres. Poco a poco, el peligro irá escalando y la mencionada vinculación de la fuerza del mal con la familia Warren irá saliendo a la luz, llevándolos a todos a una contienda que, bien vista, representa la lucha interna de cada uno contra sus propios demonios.

La película está buena. Digamos que, si no se es demasiado exigente, cierra. De la dirección de Michael Chaves (que ya conocimos por La llorona y por El conjuro: El diablo me obligó a hacerlo) no podemos decir nada realmente negativo: es correcta, atractiva y suficiente. La fotografía de Eli Born (Compañera perfecta y Boogeyman) es, por su parte, impecable. Con la ambientación dieron en el clavo: nos llevan a ver una casa medio venida abajo (vieja, llena de humedad, con rincones oscuros) primero como acogedora y después como terrorífica. Finalmente, Patrick Wilson y Vera Farmiga son siempre queribles y carismáticos.

            Y, sin embargo…

            Sin embargo, la película no me llegó a convencer. Me pareció un poco más de lo mismo. Verla es como ver cualquiera de la anteriores, tanto de la saga principal como de las distintas ramificaciones. Lo conseguido por la primera, allá por el año 2013 y bajo la dirección de James Wan, quedó en el pasado. Ya no experimentamos la tensión de una historia fantástica que roza con lo real, sino el tedio de un argumento predecible hasta en sus más arriesgadas decisiones. Los sustos están, pero no asustan demasiado. La tensión se desvanece en cada cambio de escena. Las presencias se pasan gran parte del film jugando a las escondidas.

            En fin, podría cerrar diciendo que El conjuro 4 es una buena opción para pasar el rato y una digna conclusión de una saga que, en rigor, tendría que haber concluido antes incluso de haberse convertido en saga.

 

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Título original: The Conjuring: Last Rites

Año: 2025

Duración: 135 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Michael Chaves

Guion: Ian Goldberg, Richard Naing, David Johnson

Reparto: Patrick Wilson, Vera Farmiga, Mia Tomlinson, Ben Hardy

Música: Benjamin Wallfisch

Fotografía: Eli Born

Compañías: New Line Cinema, Atomic Monster, The Safran Company, Warner Bros., Quebec Film and Television Tax Credit. Productor: James Wan. Distribuidora: Warner Bros.



16 de noviembre de 2025

FRANKESNTEIN de Guillermo del Toro: Otra historia, otro monstruo




Si la tomamos como una película argumentalmente independiente (que no lo es), se trata de un film aburrido. Si, por el contrario, la abordamos como una adaptación de la novela de Mary Shelley (y así la vamos a abordar en esta reseña), entonces es una decepción. Guillermo del Toro saca de su versión lo más interesante de la historia original. 

            Las adaptaciones no tienen por qué seguir las historias originales, ya lo sé. Pero sorprende cómo en este caso se decidió cambiar justamente lo que hizo destacable la novela de Shelley: la personalidad de Víctor, su motivación para hacer lo que hizo, las razones del rechazo a su creación, la relación con los miembros de su familia, el calvario en el que se convirtió una vida que podría haber sido idílica; y, con respecto al monstruo, el paso de su inocencia inicial a la más absoluta crueldad, el sufrimiento generado por el rechazo de un mundo que nunca llegó a conocerlo, su soledad absoluta, la decisión consciente de convertirse en alguien malo… Poco de esto ocurre en la versión 2025. Por el contrario, nos encontramos con un Víctor que tuvo una vida de porquería y nunca dejó de tenerla, que jamás nadie lo quiso lo suficiente, que odia a su creación más por celos que por principios, que es capaz de traicionar hasta al más cercano de sus seres queridos. Y el monstruo… El monstruo ni siquiera merece esa designación (algo que deja en claro la película): nunca alcanza la verdadera crueldad, el rechazo que sufre no se compara con la aceptación que llegó a conocer (de hecho, es más rechazado el creador que su creación). 

            En la novela de Shelley, Víctor es un hombre noble cuya ambición lo lleva a cometer el error de creerse un dios, error que pagará a lo largo de la historia sin perder, por eso, su nobleza de espíritu. El monstruo, por su parte, es una víctima que decide convertirse en victimario, conscientemente y hasta las últimas consecuencias. Ambos pueden ser comprendidos y por ambos se puede sentir lástima y rechazo. En la película de Del Toro, Víctor es un arrogante egoísta y el monstruo, una pobre criatura que nunca deja de serlo. 

            En fin, Frankenstein de Guillermo del Toro pasaría a formar parte de ese montón de películas (con la excepción, tal vez, de la versión de Kenneth Branagh) que convirtieron al monstruo más famoso de la literatura en otra cosa. No es para poner el grito en el cielo, pero tampoco para andar recomendando.

 

 

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Título original: Frankenstein

Año: 2025

Duración: 149 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Guillermo del Toro

Guion: Guillermo del Toro. Libro: Mary Shelley. Historia: Guillermo del Toro

Reparto: Oscar Isaac, Jacob Elordi, Mia Goth, Christoph Waltz, Feliz Kammerer, Lars Mikkelsen

Música: Alexandre Desplat

Fotografía: Dan Laustsen

Compañías: Coproducción Estados Unidos-México; Double Dare You, Demilo Films, Bluegrass Films. Distribuidora: Netflix