Edilio vuelve al colegio después de haber pasado una temporada en un
instituto de menores. Nadie lo quiere ahí, en la escuela, excepto ella, nuestra
narradora, que, si bien no es amiga de él, se podría decir que alguna vez lo
fue, cuando eran chiquitos de jardín y el hecho de vivir en el mismo edificio
propiciaba jornadas de juegos juntos. En aquel momento, incluso, conocieron la
muerte en la persona de la hermanita de Edilio, que falleció de manera
repentina mientras se divertían con ella.
Este reencuentro con Edilio marca una nueva etapa en la vida de la
narradora, que, a poco de terminar la secundaria, no le encuentra la vuelta a
la vida. Sin ir más lejos, ella misma pasó tiempo encerrada, aunque no por
haberle hecho nada a nadie, sino por habérselo hecho a sí misma: estuvo
internada por problemas alimenticios. A diferencia de lo que se podría pensar, su
determinación a no comer no tuvo que ver con un ideal estético. El hambre, para
ella, fue protesta y lucha. Y el oponente, una persona. Su negativa a comer
sólo se había tratado de una estrategia para que su padre, a quien detesta, se
fuera de su casa. De esa experiencia le quedó una amiga, su única verdadera
amiga, Lena, que sigue internada.
Ahora, en la escuela, ve en Edilio a alguien no muy distinto a ella: solo,
aislado, con un universo reducido a sí mismo. Por eso se acerca, por eso habla
con él, por eso empiezan a verse más allá del colegio. Pronto, ella conocerá el
mundo de él, un mundo en el que la criminalidad es parte de lo cotidiano, en el
que la culpa brilla por su ausencia y en donde nada se hace sin calcular los
beneficios resultantes. Pronto, también, se verá envuelta en una maraña de
mentiras que parecen verdades y de verdades que saben a mentiras, sin saber qué
creer, sin creer en lo que sabe y en donde la muerte, pasada, presente e
indudablemente próxima, marca con su sello la realidad.
Patadas en la boca es una novela de iniciación que nos
muestra el ingreso de la narradora a un mundo al que ya pertenecía,
convirtiéndose así en algo que en realidad ya era. La soledad, la violencia, el
abuso, la desilusión, la muerte no tienen la última palabra, porque nunca dejan
de hablar. Además, la habilidad narrativa de M. Conur es notable, en especial
en lo que se refiere a mantener al lector interesado y a despertar en él
emociones intensas tales como piedad por unos personajes y rechazo por otros (o
piedad y rechazo por los mismos, a veces al mismo tiempo). Tampoco faltan las
dosis de perturbación y angustia. Sufrimos por lo que hacen los personajes, por
lo que les hacen a los personajes, por lo que ellos ven que les hacen a otros
personajes… En fin, sufrimos de esa sutil y dulce forma que nos hace sufrir la
buena literatura. Sufrimos para seguir sufriendo en cada página y para
recomendar ese sufrimiento a otros.
Y eso es lo que vengo a hacer acá: vengo a recomendarles Patadas en la boca, novela que, no por
casualidad, ganó el Premio Novela Bienal Arte Joven Buenos Aires 2021-2022. No
van a poder ni a querer parar. Y, cuando lleguen al final, van a salir corriendo
a compartir el libro con otros.
- M. Conur. Patadas
en la boca. Buenos Aires, Odelia, 2022.
***
Sobre la autora: Nació en el conurbano bonaerense, de ahí su apodo que hoy usa como único nombre. Creó una comunidad virtual en Instagram dedicada al conurbano que hoy tiene más de cuarenta y tres mil seguidores. Su novela, Patadas en la boca, fue ganadora de La Bienal de Arte Joven de Buenos Aires 2021-2022 y publicada por editorial Odelia. Su última novela, también publicada por Odelia, es Barely Legal.



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