Día a día, mucho más en Facebook

27 de octubre de 2012

PINTURA DE HORROR: Marcelo Bordese


          Marcelo Bordese es un artista visual autodidacta. Nació en Río Cuarto, Córdoba, en 1962. A los 20 años dejó la carrera de Biología en Córdoba para internarse como laico en clausura en un convento de Buenos Aires. Sus obras integran colecciones particulares y museos de Italia, Francia, Alemania, Croacia, Suecia, Chile, Venezuela, España, EE.UU., Canadá e Inglaterra. Obtuvo la beca a la creación del Fondo Nacional de las Artes, la de la Fundación Antorchas y el Segundo Premio Adquisición en Pintura del Salón de Artes Plásticas “Manuel Belgrano” 2010.

          A continuación, algunas de las obras de este interesante artista:

Leda:


Juana de Arco:


Danza macabra:


El beso verde:




20 de octubre de 2012

MUERDE MUERTOS (QUIÉN ALIMENTA A QUIÉN…)



«A veces los muertos son tan codiciosos como nosotros.»
Carlos Marcos y José María Marcos, Muerde muertos (quién alimenta a quién…)



          Por lo general, los libros defraudan. Admitamos eso. Aproximadamente, de diez libros que uno lee, siete decepcionan y se encaminan al olvido, dos gustan y permanecen por algún tiempo en nuestra memoria (con un poco de suerte, los años pasan sin despojarnos de sus títulos) y uno (o ninguno) hace sentir que realmente valió la pena leerlo. Ése se queda en un lugar preferencial de nuestra biblioteca, y no por su espacio físico (que comparte indistintamente con otros), sino por la atracción que ejerce a nuestra mirada, siempre atenta a su lomo, con la intención (y esperanza) de volver a sus páginas en cuanto se disponga del tiempo suficiente. Esos son los libros-excepciones que nos hacen recordar por qué elegimos dedicarnos a la literatura. Muerde muertos (quién alimenta a quién…), de Carlos y José María Marcos, es uno de esos libros.

          Muerde muertos es una novela epistolar que pone en escena el intercambio de Blaise Orbañeja, un bibliotecario retirado que vive en Buenos Aires, y Jesús Figueras Yrigoyen, un periodista argentino que vive su retiro en Salamanca. Orbañeja contacta a Figueras Yrigoyen con el fin de pedirle un favor: necesita que encuentre un libro que, supuestamente, está en Salamanca. El favor no es gratuito, Orbañeja promete revelarle a Figueras Yrigoyen dónde está el cuerpo de su hermano Ignacio, muerto en circunstancias misteriosas. De esta manera, los dos aúnan fuerzas (Orbañeja contribuye con sus recuerdos y Figueras Yrigoyen con la investigación) para hallar el Tratado teórico del oficio de muerde muertos, un libro publicado en 1649 por el Conde de Orbañeja del Castillo (un antepasado del bibliotecario) y que contiene todo lo referente a los muerde muertos. De ellos dice Orbañeja:


«Hasta principios de 1800 los muerde muertos eran contratados por los allegados al occiso para comprobar médicamente su muerte. A cambio de unas monedas el muerde muertos hincaba su dentadura en el dedo gordo del pie del fallecido y dictaminaba su suerte, alejando los temores de la epilepsia y la catalepsia muy de moda en esas épocas. Se rumoreaba que algunos muerde muertos, de acuerdo con el monto y las intenciones de los familiares, conseguían otros efectos. Ya salvaban o condenaban las almas, ya mataban al sujeto para toda la eternidad, ya fabricaban zombis esclavos, o devolvían la vida.» (p. 11)


          Esto será lo primero que se sepa de los muerdes muertos, pero no será lo único. A medida que la historia avance y las cartas se sucedan, la búsqueda se irá complicando y la realidad misma, o al menos lo que nosotros entendemos por «realidad», se verá afectada. No diré más para no arruinarle al lector la posibilidad de disfrutar de este libro.

          El hecho de que se trate de una novela epistolar no es inocente. Por un lado remite a lo más clásico del género (Drácula), mientras que por otro plantea una inadecuación a los tiempos que corren, devolviendo un poco de magia a una época en la que el uso del papel es anacrónico y, por qué no, culposo. Aquí reside, en parte, lo satisfactorio de esta novela: los amantes de los libros se introducirán en un mundo en el que lo importante es, justamente, un libro, por el que las personas darán su vida. Hasta la escritura de Orbañeja y Figueras Yrigoyen, plagada de metáforas y de una precisión poética exquisita, da cuenta de ese desajuste respecto de un mundo que se mide por caracteres.

          En Muerde muertos, entonces, lo importante es un libro. Y al momento de recomendar, lo importante es Muerde muertos. Estamos frente a una novela que le hacía falta a la literatura argentina, desbordada por un realismo de carácter social y empalagada con un fantástico limpio de sangre que apenas sobrevivió al siglo XX y subsiste en el XXI arrastrándose en la pluma de algunos pocos escritores.

          Muerde muertos es una novela de terror sobrenatural que marca una excepción y, como tal, vale la pena prestarle atención.



- Marcos, Carlos y Marcos, José María, Muerde muertos (quién alimenta a quién…), Buenos Aires, Muerde Muertos, 2012.
  
*** 
Sobre los autores: Carlos Marcos (1972), bibliómano, escribiente y leedor, es bibliotecario de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. José María Marcos (1974), magíster en Periodismo y Medios de Comunicación (Universidad Nacional de La Plata), escribe para las revistas Insomnia  y miNatura y dirige La Palabra de Ezeiza. Nacidos en Uribelarrea, ganaron el Premio Sudaca Border 2011 (Eloísa Cartonera) y comandan la editorial Muerde Muertos.

24 de septiembre de 2012

EL DESALMADO, de Carlos Chernov



         Ricardo y Eduardo L’Héritier son hermanos gemelos. Eduardo es el primero en nacer y todo parece estar bien en él, mientras que Ricardo no come, no reacciona ante los estímulos y duerme con los ojos abiertos. Desesperados, los padres recurren a todos los médicos a su alcance, pero en el Chaco, donde viven, los recursos no son muchos. Entonces deciden viajar a Buenos Aires para encontrar una respuesta y, de ser posible, una solución. Pero antes hacen un último intento: prueban con un brujo, al que llaman el pilagá. Este brujo desarrolla un ritual y, a partir de él, el bebé se alimenta normalmente. Desde ese momento, el pilagá se queda viviendo cerca de ellos, argumentando que Ricardo lo necesitará por mucho más tiempo. Así comienza la historia de Ricardo, una historia que, según desde dónde se la mire, es una suerte y una desgracia. Desgracia porque, según los indios, cuando nacen gemelos, uno de ellos no tiene alma, pero como ignoran cuál es, los sacrifican a los dos. Y suerte porque Ricardo no es indio, lo que le permitió, tanto a él como a su hermano, seguir con vida.

          De esta manera, Ricardo será ese desalmado que, para poder “completarse”, deberá robarles las almas a las personas, en un intento de formar, con el conjunto de almas arrebatadas, un alma propia. Por esto estudia medicina, y por esto decide trabajar en terapias intensivas de distintas clínicas y hospitales de Buenos Aires, todo para estar cerca de aquellos que están por morir, aquellos que, en cualquier momento, dejarán libre su alma. Claro que esperar la muerte muchas veces se puede convertir en algo tedioso, por lo que Ricardo no dudará en acelerar el proceso, matando él mismo a aquellos a los que les robará su esencia.

         El desalmado es una inteligente conjunción entre novela fantástica (en un sentido “todoroviano”) y novela psicológica. Si bien esta doble naturaleza impregna toda la novela, la preponderancia de cada una corresponde, a su vez, a cada una de las partes en que está dividida. Mientras que en la primera parte vemos la actuación de Ricardo, en la segunda, gracias a los extensos diálogos con Julia, su psicóloga, ahondamos en su mente y en su pasado. Por esto, en la primera parte hay un protagonismo de la acción (la búsqueda constante de Ricardo por encontrar almas que arrebatar, la relación de Ricardo con las personas que lo rodean, en especial con su hermano Eduardo, etc.), a diferencia de lo que ocurre en la segunda parte, donde abundan los diálogos y las reflexiones psicológicas.

          Lejos de lo que se podría considerar un thriller, la historia avanza a paso lento, pero con complejidad y agudeza. Es un buen ejemplo de lo que se puede hacer en Argentina en términos de novela fantástica, en un mercado en el que predomina la ficción realista de corte social o histórico. De hecho, es destacable la utilización de leyendas y ambientes aborígenes, ya que le dan a El desalmado una naturaleza propia, argentina y latinoamericana.

         Ojalá veamos más novelas como ésta en los catálogos de las editoriales.


***
Sobre el autor: Carlos Chernov (Buenos Aires, 1953) es médico psiquiatra y psicoanalista. Autor de cuentos y novelas, ha publicado los libros de relatos Amores brutales (1993) y Amor propio (2007); y las novelas Anatomía humana (1993), La conspiración china (1997), La pasión de María (2005), El amante imperfecto (2008) y El desalmado (2011). Además de ser galardonados con numerosos premios, sus textos han sido traducidos al inglés, al italiano y al francés.

21 de septiembre de 2012

LA CABAÑA DEL TERROR: para todos los gustos






         Para ver La cabaña del terror (Cabin in the Woods) hay que tener, ante todo, paciencia. La primera hora muestra una típica película de terror: cinco amigos van a pasar un fin de semana a una cabaña perdida en el medio del bosque. Una vez ahí, invocan (sin saberlo) a un grupo de zombis que se levantan de debajo de la tierra para matarlos a todos. Sangre, violencia y muerte, nada falta, pero a su vez nada sorprende. La sorpresa llega después, cuando la “historia de zombis” queda atrás y se empieza a entrever una compleja maquinaria de terror. En efecto, la invocación no es en realidad una invocación, y los zombis son apenas un recurso de entre miles que tiene una organización que monitorea las muertes de los jóvenes como si se tratara de un reality, cosa que no es. Así, la historia derivará en una compleja trama que se remonta a los principios de la humanidad, cuando el mundo era regido por dioses antiguos que, para no regresar y aniquilar a la humanidad, exigen sacrificios humanos.

          Lo verdaderamente interesante en esta película es el trabajo con el género de terror. Por un lado, hace referencia a varios clásicos del género, como Hellraiser, The Evil Dead, It, entre otras; y por otro, aglutina en apenas una hora y media (o más exactamente media hora, teniendo en cuenta lo dicho anteriormente) todo un universo de seres y temas que forman parte del ideario terrorífico de todos los tiempos. Además de los zombis de la primera parte, podemos ver hombres lobo, vampiros, fantasmas, animales gigantes, monstruos, mutantes, etc., etc. etc. Por primera vez en mi vida puedo decir “para todos los gustos” sin exagerar.

          Por otra parte, no puedo dejar de mencionar la deuda que el guión tiene con Lovecraft (tan grande que la película bien podría estar dedicada a él) y la parodia que hace del género al que pertenece. Un ejemplo, para que los personajes puedan cumplir con los prototipos de “amigos” de las películas de terror (la puta, el deportista, el estudiante, el tonto y la virgen), los organizadores de la matanza tienen que recurrir a sustancias farmacológicas y a herramientas tecnológicas, lo que no sólo desnuda las convenciones del género, sino que también las ridiculiza, dejando en evidencia su inverosimilitud.

         Desde Scream (la primera, por supuesto) que no me encuentro con una película que trabaje tan bien con las fronteras de un género sin dejar, por eso, de pertenecer a él. Cien por ciento recomendada.


Ficha técnica:
Título original: The Cabin in the Woods
Año: 2011
Duración: 105 min.
País: Estados Unidos
Director: Drew Goddard
Guión: Joss Whedon y Drew Goddard
Reparto: Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Fran Kranz, Richard Jenkins, Bradley Whitford
Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)


20 de agosto de 2012

EL CUERVO: ¿Con qué necesidad?





          ¿Con qué necesidad hacen una película en la que el protagonista es Edgar Allan Poe? Si al menos la trama se relacionara mínimamente con lo que se sabe de la biografía del autor de «El corazón delator»… Pero no, nada que ver. La verdad, ya no entiendo a Hollywood. No entiendo para qué ni por qué hacen las cosas que hacen. ¿Había necesidad de hacer una película así? No, no la había, y sin embargo la hicieron.

          El cuervo (The Raven), dirigida por James McTeigue, cuenta los últimos días de Edgar Allan Poe. En ellos, Poe debe seguir la pista de un asesino serial que usa los argumentos de sus cuentos para cometer crímenes. La búsqueda se volverá más apremiante cuando el asesino secuestre a Emily, la amante de Poe. No hay mucho más que decir. Es una película de aventuras, con una mezcla de policial que la vuelve ridícula.



-          Poniendo límites

          De la misma manera que existe un ente regulador que protege los monumentos históricos, tendría que haber un organismo que regule la producción de este tipo de películas. No estoy hablando de censura, para nada, sino de límites. No se puede distorsionar la imagen de uno de los escritores más importantes de la literatura universal, como no se puede demoler un edificio con valor histórico. Ambas acciones van en contra de nuestro patrimonio cultural, y no sé cuál de las dos ocasiona más daño.

         Soy profesor de literatura en un secundario, y en mi programa de 2° año suelo dar algunos cuentos de Poe. Ahora, inevitablemente, voy a tener que explicarles a mis alumnos que el autor que están leyendo no fue en realidad ese detective amateur que sigue los rastros de un asesino para rescatar, heroicamente por supuesto, a su bella amada, sino un escritor torturado que además de sus inconvenientes económicos tenía que padecer una adicción al alcohol que en más de una ocasión puso en peligro su vida y su trabajo. Es aberrante. Como saben, los últimos días de Poe representan uno de los mayores misterios de la literatura. Nadie sabe con certeza qué es lo que le produjo la muerte, sólo se sabe que fue encontrado (algunos dicen en la calle, otros en un bar) moribundo y delirante, y que antes de morir dijo estas palabras: «Que Dios ayude a mi pobre alma». El resto, son especulaciones, que tratan de reconstruir los últimos días de este genial escritor.

          Seguramente muchos van a decir que exagero. A lo mejor me lo tomo tan a pecho porque Poe es un autor que me gusta, o porque la película no me gustó para nada. Si hubiese sido una película más seria y de mejor calidad como Anónimo (que reconstruye la versión de que el verdadero autor de las obras de Shakespeare no fue él sino el conde de Oxford Edward de Vere) a lo mejor no me hubiera parecido tan ofensiva. No sé. Lo que sí sé es que me hubiese gustado ver una película sobre la vida de Edgar Allan Poe. Poe es uno de los pocos escritores cuya vida toleraría una biografía cinematográfica. Sin embargo, tenemos que conformarnos con esto, una invención paupérrima de lo que Poe hubiese podido hacer si la vida fuese un guión barato. Pero supongo que tendremos que acostumbrarnos. Vivimos en un mundo donde Sherlock Holmes es hábil para la pelea cuerpo a cuerpo y usa un peinado al estilo siglo XXI y en donde Van Helsing es un héroe carilindo que pelea contra hombres lobo. ¿Qué queda? ¿Un presidente que cace vampiros? Ah no, eso ya lo hicieron…


Ficha técnica:
Título original: The Raven
Año: 2012
Duración: 110 min.
País: Estados Unidos
Director: James McTeigue
Guión: Ben Livingston y Hannah Shakespeare
Reparto: John Cusack, Alice Eve, Luke Evans, Brendan Gleeson, Kevin McNally
Productora: Coproducción USA-Hungría-España; Intrepid Pictures / FilmNation Entertainment / Galavis Film / Pioneer Pictures


15 de agosto de 2012

EL VAMPIRO DE ROPRAZ, de Jacques Chessex




El pueblo de los vampiros

         Podríamos decir que todo empieza en 1903 con la muerte de la joven Rosa Gilliéron, de veinte años, ocasionada por un cuadro de meningitis. O podríamos afirmar que, en realidad, todo empieza cuando, cuatro días más tarde, encuentran su tumba profanada, con sus restos violados, mutilados, masticados y sucios de esperma y saliva. Podríamos afirmar todo esto, pero nos estaríamos equivocando. En realidad, todo comienza mucho antes, en una época oscura y supersticiosa, de la que la comunidad de Ropraz de principios del siglo XX es heredera.

          La historia de El vampiro de Ropraz es, en sí, sencilla. La tumba de Rosa es profanada y su cuerpo vejado. Ni siquiera su cabeza pudo conservar su lugar en la disposición del cuerpo. La gente se horroriza y busca al culpable, al que han llamado «el vampiro de Ropraz». Las sospechas, el miedo y la paranoia asolarán al pueblo, y las personas querrán cazar al monstruo para matarlo o, en su defecto, encarcelarlo para siempre. Dos nuevos hallazgos, semejantes al primero (de Nadine, una joven que muere por culpa de la tuberculosis, y Justine, otra víctima de la tisis), radicalizan todavía más el enrarecido ambiente, impulsando la investigación a través de varios sospechosos hasta dar con Charles-Augustin Favez, el supuesto vampiro de Ropraz. No obstante, ninguno de los personajes mencionados es el protagonista. Ni siquiera Favez, de quien la novela se ocupa en al menos la mitad de su extensión, mostrándonos su niñez, sus traumas y sus perversiones. No, el verdadero protagonista es Ropraz. Desde el primer capítulo, el narrador nos da una pintura pormenorizada del pueblo, en la que se puede ver el atraso, la superstición, el miedo, la pobreza y la locura:

«Las ideas no circulan, la tradición pesa, se desconoce la higiene moderna. Avaricia, crueldad, superstición, no estamos lejos de la frontera de Friburgo, donde abunda la brujería.» (pág. 11)


«En estos páramos, el síntoma del vampiro durará mientras esta sociedad sea víctima de la miseria primitiva: suciedad de los cuerpos, promiscuidad, aislamiento, alcohol, incesto y supersticiones que infestan estas campiñas y crearán otros focos de sevicias sexuales y horror inmisericorde.» (pág. 60)

          El miedo y la locura imperan en Ropraz, convirtiendo al pueblo en el verdadero vampiro. En él sólo hay víctimas y victimarios; víctimas que se vuelven victimarios para, de alguna manera, restablecerse. Por un lado, se es víctima del clima, de la rudeza de la naturaleza, de las enfermedades. Por el otro, se es víctima de las personas, que antes han sido víctimas ellos mismos. Golpizas, violaciones, alcoholismo (sin contar la zoofilia y la necrofilia), todo es parte de Ropraz, de la misma manera que Ropraz es parte de todos.

         «El vampiro de Ropraz» sería, entonces, «el vampiro-Ropraz». Por esto mismo Favez, el principal sospechoso de las profanaciones, no es más que el chivo expiatorio, aquel sobre el que se cargan las responsabilidades y las culpas para que el resto de las personas puedan desembarazarse de ellas. Favez no es alguien ajeno a la comunidad, sino su representante más cabal. De ahí que el narrador lo llame doble y hermano: «¡Ritual invertido, que espesa la historia de Favez en el extraño trastorno al mismo tiempo que te hace nuestro, vampiro de Ropraz, mi doble, mi hermano!» (pág. 81). Y por esto mismo también, la duda estructura el relato, evitándose en todo momento la confirmación de la identidad del profanador de tumbas. ¿De qué sirve señalar a un vampiro si, en rigor, todos lo son?

          El estilo de Chessex, breve, con oraciones cortas, muchas de ellas unimembres, es contundente, tan frío incluso como el clima invernal de Suiza. De alguna manera, esta parquedad estaría funcionando como una cristalización estilística de la idiosincrasia de los habitantes de Ropraz, y convierte a la novela en algo difícil de digerir. Las aberraciones son doblemente aberrantes cuando se narran con la misma indiferencia con la que se podría narrar una anécdota inofensiva. Lo escalofriante, en este caso, es el qué y el cómo.

          Definitivamente, El vampiro de Ropraz es una novela que vale la pena leer. Con apenas noventa páginas, se puede terminar en una sola tarde. Lo único malo es comprobar que, de la veintena de novelas de Chessex, ésta es la única que se consigue en librerías argentinas.

***
Sobre el autor: Jacques Chessex nació en Vaud, Suiza, en 1934 y murió de un infarto en la ciudad de Yverdon-Les-Bains en 2009, mientras daba una conferencia. Fue autor de una extensa obra, que abarcó tanto la novela como el ensayo y la poesía. Entre sus logros se destaca el ser el único autor suizo en ganar el Premio Goncourt con la novela El ogro en 1973.

- Chessex, Jacques. El vampiro de Ropraz. Barcelona, Anagrama, 2008.


30 de julio de 2012

EN AXXÓN (II)

.

          Amigos, la revista Axxón, en su número 232, acaba de publicar el cuento "El Hombre", con una ilustración de Valeria Uccelli. Los invito a leerlo.

          Acá va el link: http://axxon.com.ar/rev/2012/07/el-hombre-lucas-berruezo/

          Como siempre, gracias a todos.

.