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8 de junio de 2021

NO OBSTANTE LO CUAL, de Carlos Marcos


 


 

Hace unos meses, reseñé Desatormentándonos, de José María Marcos[1], uno de los libros que la editorial Muerde Muertos publicó en 2020 para festejar su décimo aniversario. Ahora, quiero hablarles de No obstante lo cual de Carlos Marcos, otro de los títulos conmemorativos que junto con Olvidemos todo de una vez de Fernando Figueras (habrá reseña pronto) forman un tríptico que abarca tres géneros en los que estos escritores dan cátedra: el terror (José María Marcos), lo erótico (Carlos Marcos) y el humor delirante (Fernando Figueras). 

No obstante lo cual comienza con un prólogo del autor titulado «Algo flota en la laguna», en el que nos habla tanto de la génesis de los cuentos que conforman este libro como de la editorial Muerde Muertos, que fundó con su hermano José María en el año 2010. Es un texto muy bello, que hace hincapié en la importancia de los libros, las lecturas y los sueños; sueños que en su caso (como en el de tantos de nosotros) se convierten en literatura y ésta, en «un largo ejercicio de paciencia, de infinita confianza y deseo» (p. 13). También nos aclara el sentido del título, que tiene (como lo tienen también los títulos de los otros libros mencionados) una vinculación con el mundo del rock nacional. En efecto, «No obstante lo cual» es el nombre de una canción de Riff, mientras que «Algo flota en la laguna» lo es de un tema de Pescado Rabioso. 

Todos los cuentos de No obstante lo cual trabajan con lo erótico, aunque lo hacen desde diferentes ángulos, explorando distintas «cavidades». Por mi parte, me gustaría destacar el segundo relato, «Castración», una genial reformulación fantástica de la concepción del tiempo cíclico, con un Borges muy particular y una circularidad cargada de fluidos y perversiones. Asimismo, no puedo obviar la historia que le sigue, «La humanidad se extinguirá con nosotros», una parodia hilarante de Terminator, con un pene enorme que llega desde el futuro para salvar a la humanidad de un apocalipsis fálico[2]. 

«Triángulo de Pascal», el quinto y más extenso de los cuentos, me exige un párrafo aparte. Acá, un escritor y bibliotecario de una escuela de psicoanálisis narra sus derroteros sexuales en distintos eventos culturales, que incluyen masturbar a una mujer en un balcón, rechazar cordialmente las indirectas de una nonagenaria y entablar una relación con una mujer (hasta el momento) lesbiana. Pero lo que más me interesó no son las experiencias sexuales del narrador, sino cómo desnuda la mediocridad de los círculos académicos, siempre movidos por sus cristalizadas convenciones y sus (in)confesables impulsos, e ilustra, en clave ficcional, lo que ya Carlos Marcos expuso en el prólogo: las obsesiones de un escritor que construye sus relatos para lectores circunstanciales y, como tales, pasajeros; lo que hace de sus relatos, al menos para él, producciones también circunstanciales y pasajeras. Finalmente, entre tantas palabras huidizas, entre tanta desazón y tanto egocentrismo, la penetración de (y en) los cuerpos se muestra como la liberación del tiempo en una eternidad exenta de monstruos creados por los sueños de una razón que se niega a dormir. 

Los seis cuentos que componen No obstante lo cual fueron, antes de su compilación, leídos en público en distintos ciclos literarios. Y no sólo eso, sino que, en palabras del autor, fueron incluso escritos teniendo en cuenta la oralidad, lo que les da una frescura particular, que combina el ritmo de la lectura en vivo con la calidad de una prosa exquisita, haciendo de Carlos Marcos algo así como un trovador moderno o, lo que sería más exacto teniendo en cuenta los argumentos de sus relatos, un trovador genital. 

Ahora, tenemos la oportunidad de disfrutar de estas historias en la comodidad de nuestro hogar. No la dejemos pasar. 

 

- Marcos, Carlos. No obstante lo cual. Buenos Aires, Muerde Muertos, 2020.

 

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Sobre el autor: Carlos Marcos nació en Uribelarrea en 1972. Publicó las novelas Recuerdos parásitos (2007) y Muerde Muertos (2012), escritas con su hermano José María. También es autor de la mixtorieta Inmaculadas (2010) y del libro de relatos Tu madre chupa pijas en el infierno (2015). Convocando a grandes artistas visuales, impulsó la edición de iluSORIAS (2013), homenaje a Alberto Laiseca, y Strip-tease: traducción visual (2017), celebrando la obra de Enrique Medina. Ilustró la reedición de Manual sadomasoporno (ex tractat) (2017) de Alberto Laiseca. Es bibliotecario en la Escuela Freudiana de Buenos Aires y encargado del Centro de Documentación Ricardo Rodríguez Ponte. Junto a Teresita Pullol y Horacio Gómez conduce Letraducciones. Con su hermano dirige el sello Muerde Muertos.

 

 



[2] En 2016 tuve la suerte de presenciar el efecto de este cuento narrado en vivo. Carlos Marcos lo leyó en el ciclo Crudo y Cocido, organizado por Giselle Aronson y Fernando Veríssimo en Haedo. Las carcajadas de los oyentes (entre las que se oían mis propias carcajadas) dificultaban, por momentos, seguir la historia.

6 de junio de 2021

En defensa de NÚMERO CERO, de Umberto Eco


 


 

El otro día estaba charlando con un amigo por Zoom y me mencionó la foto de Umberto Eco que subí a las redes sociales, en la que se lo puede ver muy joven, leyendo. En un principio hablamos de cómo algunos autores parecían eternizarse en un rango de edad, como si nunca hubieran sido más jóvenes o más viejos. Umberto Eco es uno de ellos, siempre a la vista con su barba tupida y su corbata en una edad cercana a los 50 años. También hablamos de Arlt, Sabato, Sartre, Neruda, Hemingway y otros tantos escritores que parecían no haber cumplido años nunca. 

Bien, en un momento de la conversación, mi amigo me dijo, como al pasar, que era triste que il professore se hubiese despedido con una novela como Número Cero, que «sin lugar a dudas» no estaba a la altura de sus antecesoras, ni siquiera de la que él consideraba más aburrida, La isla del día de antes. Ante esta afirmación, me mostré en desacuerdo (tal vez un poquito indignado), y empecé a defender su último trabajo de ficción. 

En primer lugar, una de las cuestiones que mi amigo indicaba como señal de decadencia era la extensión: mientras que todas las novelas anteriores de Eco superaban las 500 páginas, Número Cero apenas alcanzaba las 200, y esto gracias a un tamaño de letra y a un interlineado generosos. A esto, respondí que en literatura el tamaño no importa, ya que, según ese criterio, Borges no podría ser considerado un buen escritor (Borges siempre viene bien cuando se habla de tamaños). Además, según ese punto de vista, no haría falta leer las novelas para saber si son buenas o malas, simplemente se tendría que contar sus páginas y, a mayor número de ellas, mayor la calidad de la obra. Algo absurdo. 

Y no sólo eso, sino que, gracias a su breve extensión, Número Cero es la opción perfecta para aquellos que quieran conocer a Eco, pero no se animan a meterse en esos ladrillos intimidatorios como El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault o El cementerio de Praga. En Número Cero se puede encontrar todo lo que identifica a Eco como escritor de ficción: las conspiraciones, los personajes que respiran literatura, las alusiones estéticas, el mundo impreso, las mentiras detrás de las palabras… Con otro agregado positivo, la historia transcurre en lo que podríamos decir «la actualidad». En efecto, Número Cero pertenece a esas novelas de Eco ambientadas en el siglo XX, junto a la ya mencionada El péndulo de Foucault y La misteriosa llama de la Reina Loana. Todo esto hace de Número Cero una excelente puerta de entrada al universo ficcional del escritor italiano. 

«Pero en lo que se refiere a las conspiraciones», siguió mi amigo, «no me vas a decir que Número Cero está a la altura de las otras». Bueno, en lo que se refiere a complejidad y extensión, claramente no, pero una vez más se trata de cómo se ve lo que se ve. Lo que para mi amigo es sinónimo de falencia, para mí no lo es. En Número Cero, la conspiración histórica central gira en torno a la muerte de Mussolini y plantea cómo el Duce pudo haber sobrevivido al avance de los aliados (y gracias a ellos) por medio de una sustitución con un doble para después venirse a vivir a la Argentina (o, en su defecto, irse a vivir al Vaticano). No obstante, esta conspiración (bastante interesante, de hecho) no es la única, ya que toda la novela es en sí una conspiración: el argumento devela cómo los medios de comunicación, en especial los diarios, manipulan los hechos y la verdad. Citas como «Los diarios enseñan a la gente cómo debe pensar» (p. 99) o «El caso es que los diarios no están hechos para difundir sino para encubrir noticias» (p. 169) son un buen ejemplo de eso. 

Para terminar, tengo que decir que no convencí a mi amigo, pero al menos hice el intento. Número Cero es el cierre de una carrera que, al menos para mí, se destacó dentro del panorama literario de los siglos XX y XXI. Considero a Eco un escritor genial y un intelectual digno del protagonismo que alcanzó. Sus ensayos contribuyeron a que la semiótica, la estética y la historia sean lo que hoy son; y sus novelas son desafíos de lectura que nos permiten ver la excelencia a la que puede llegar la literatura. 

Si todavía no leyeron nada de Umberto Eco, sepan que Número Cero es una buena opción para comenzar. No es lo mejor de él, es cierto, pero lo mejor de él está ahí.

 

-   - Eco, Umberto. Número Cero. Buenos Aires, Lumen, 2015.




2 de junio de 2021

NO JUEGUES CON ESO, de Fabián García






«Siempre hay que prestarle atención al segundo libro», les suelo decir a mis alumnos. Y tiendo a agregar: «En el primer libro, y más cuando se trata de cuentos, un escritor pone lo mejor que fue acumulando a lo largo de los años. Por eso, el segundo suele dejar en evidencia el material que quedó descartado del primero junto con lo más reciente del autor, aquello que no tuvo tiempo de corregir hasta el delirio, por lo que uno puede intuir qué tan bueno es un escritor cuando aborda su segundo libro, no el primero». En esta oportunidad, quiero hablarles de un segundo libro, el de Fabián García: No juegues con eso, publicado este año por la editorial rosarina Miércoles 14.

             No juegues con eso reúne diez cuentos fantásticos de una calidad asombrosa y de una oscuridad poco menos que traumática. En relación con lo que dije en un comienzo, Fabián García es uno de esos escritores que con su segundo libro confirman todos los elogios que recibieron con el primero, en su caso La lengua de los geckos, publicado en 2019 por la editorial Muerde Muertos.

             Cuando presenté La lengua de los geckos en la Feria del Libro de Buenos Aires en 2019[1], hablé de un «fantástico biológico», refiriéndome a ese estilo tan particular de García, que muestra una naturaleza desbordada que rompe con los límites de la realidad (o al menos con lo que se considera «realidad»). En No juegues con eso, el «fantástico biológico» vuelve a estar presente, erizando los pelos del lector y haciéndolo dudar de lo que hasta el momento consideró cierto y familiar: especímenes desconocidos que surgen de la tierra del patio de una casa corriente y poseen a los humanos (“No juegues con eso”); ácaros capaces de alimentarse de los deshechos humanos y, con ellos, construir dobles en dimensiones desconocidas (“La vida imperceptible”); seres indefinibles que proporcionan placeres íntimos a personas ávidas de contacto (“Reír a oscuras”); gatos capaces de lo inconcebible (“Porque éste es mi cuerpo”). En estos relatos, y no sólo en estos, lo sobrenatural no es lo que rompe con lo natural, sino lo que lo excede. Lo fantástico, entonces, no se da por algo que quiebra las leyes naturales. Se da, de manera sistemática, por una ampliación, una exacerbación de los límites de lo natural. Más allá de los límites, nos espera la verdadera (y aberrante) naturaleza de las cosas.

             Pero los relatos de No juegues con eso no sólo trabajan con este «fantástico biológico», sino que, además, algunos de ellos (como “Caí sobre mi diestra”, “Lo antiguo, lo múltiple”, “Somos lo que comemos” y “Ni el día ni la hora”) lo combinan con una vertiente mística, dando un paso más en esta manera tan especial de trabajar lo fantástico. Lo sagrado y lo religioso no pertenecen, en estos cuentos, a un mundo ajeno, puro y extraterreno. Es la misma naturaleza la que alcanza el rango de lo sagrado, y lo alcanza justamente con la incorporación de lo múltiple, con la asimilación de lo discordante, con la exaltación de la pútrida materia.

             Al leer a García, recordé a Horacio Quiroga y al Leopoldo Lugones de Las fuerzas extrañas. No me gusta comparar a los escritores actuales con los «muertos infaltables de siempre», pero en este caso voy a hacer una excepción, porque lo que nos ofrece Fabián García, tanto en La lengua de los geckos como en No juegues con eso, es una anomalía, una excelente y destacable anomalía que recupera lo mejor de la tradición fantástica rioplatense (que muchas veces se pierde de vista por mirar faros extranjeros) y le da un giro nuevo por ser nuevo el siglo en que se ubica.

             Consigan No juegues con eso, que además cuenta con ilustraciones increíbles de Pablo Castillo y una contratapa de Pablo Martínez Burkett. Después me cuentan.



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Sobre el autor: Fabián García nació en 1973, en la ciudad de Buenos Aires, y vive en Ramos Mejía. Asistió a los talleres de poesía de Osvaldo Bossi y Walter Cassara, y actualmente trabaja su narrativa con Guillermo Martínez. Publicó sus poemas en fanzines y revistas, y colabora con artículos en diversos medios digitales. Devoto del relato de horror (en especial el del siglo XIX) y la ficción distópica, admira a Borges, a Kafka y a Poe. El sello Muerde Muertos publicó en abril de 2019 La lengua de los geckos, su primer libro de cuentos. En 2021 la editorial Miércoles 14 publicó el segundo, No juegues con eso, con ilustraciones de Pablo Castillo.

 



           

 

 

 



[1] Pueden leer el texto de la presentación de La lengua de los geckos en https://ellugardelofantastico.blogspot.com/2019/05/la-lengua-de-los-geckos-de-fabian-garcia.html

1 de junio de 2021

ARMY OF THE DEAD: Los zombis de la polémica




 

En diferentes páginas y cuentas, a lo largo de estos últimos días, leí críticas muy dispares sobre El ejército de los muertos (Army of the Dead), una película de Netflix que nos trae un nuevo apocalipsis zombi.

 

¿DE QUÉ TRATA?

             En el desierto de Nevada, a pocos metros de la famosa ciudad de Las Vegas, un escuadrón militar transporta una carga misteriosa encerrada en un contenedor. Nadie sabe qué posee, ni siquiera los soldados involucrados en el traslado. De pronto, un accidente impide que el convoy llegue a destino y libera la carga, que no es otra cosa que un zombi con capacidades que no sólo están muy por encima del muerto vivo promedio (y que tanto conocemos), sino también de cualquier ser humano vivo.

             Tiempo después, Las Vegas es aislada y los zombis quedan atrapados en ella. Con todo el dinero de los casinos, de más está aclarar. Finalmente, y como un modo de terminar de una vez por todas con la existencia de esos seres que, aunque lejos, siguen presentes como amenaza, el gobierno de los Estados Unidos se propone lanzar una bomba atómica a la ciudad. De esta manera, se acabaría con todo de una buena vez. Pero antes de que eso ocurra, el señor Tanaka (Hiroyuki Sanada) contrata a Scott Ward (Dave Bautista) para que forme un grupo de mercenarios y logre ingresar a uno de los casinos de la zona, acceda a la caja fuerte y extraiga de ella 200 millones de dólares, de los cuales 50 serían para repartir entre Scott y sus colegas. Si logran salir con vida de la ciudad, claro, cosa que no es muy factible, principalmente porque todo está lleno de zombis y, además, porque dentro del grupo no faltarán las traiciones y los desentendidos.

  

¿POR QUÉ LA POLÉMICA?

             Honestamente, no puedo entender la polémica que se generó en torno a esta película. A veces pienso que, a falta de verdaderas discusiones artísticas, las personas terminan peleándose por cualquier cosa. El ejército de los muertos es una película de zombis y, como tal, cumple con lo que se propone: entretener y hacer saltar al espectador. Hay buenos efectos especiales, los zombis están bien hechos, la acción (cuando llega) es constante y el suspenso, eficiente. Después podemos discutir si nos gusta o no el «tipo de zombi» que se plantea en el film. Entre toda la gama de muertos vivos que podemos ver en las películas (y que en el extremo «vegetal» contiene al tipo que apenas puede caminar y que basta un chorro de agua para deshacerlo, como en The Walking Dead), acá nos encontramos con el modo «ágil» llevado a la exacerbación: en esta cinta, los zombis se comunican entre sí, saben métodos de combate cuerpo a cuerpo, se enamoran e, incluso, esquivan balas. Puede que esto no nos guste, pero no hace de la película un producto malo. Y si lo fuera, ¿no sería una contradicción rasgarse las vestiduras por eso? Lo irónico de las películas de zombis es que pueden ser denostadas por buenas y valoradas por malas.

             El ejército de los muertos es una muy buena opción para una noche fría y torturada por el encierro. Eso sí, no se olviden del balde de pochoclos.

 

 

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Título original: Army of the Dead

Año: 2021

Duración: 148 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Zack Snyder

Guion: Zack Snyder, Shay Hatten, Joby Harold. Historia: Zack Snyder

Música: Junkie XL

Fotografía: Zack Snyder

Reparto: Dave Bautista, Ella Purnell, Ana de la Reguera, Theo Rossi, Huma Qureshi, Omari Hardwick, Hiroyuki Sanada, Garret Dillahunt, Raúl Castillo, Nora Arnezeder, Matthias Schweighöfer, Samantha Jo, Richard Cetrone.

Productora: The Stone Quarry.

Productor: Deborah Snyder.

Distribuidora: Netflix



1 de mayo de 2021

LA RESISTENCIA DE LA CULTURA

Sobre cancelación, deformación histórica y lucha cultural.

 



Hace poquito mencioné en un estado a Sabato y reflexioné sobre cómo nosotros, personas del siglo XXI, fracasamos en relación con aquel pedido suyo de "resistir" ante el avance de un mundo vertiginoso, tecnocrático y tecnólatra. Ayer, 30 de abril, se cumplieron diez años de su muerte, ocurrida en 2011. Ahora, me gustaría decir algunas cosillas más. 

Para empezar, voy a citar una frase del ensayo que mencioné en aquella ocasión, La resistencia, publicado en 2000, pero vigente en todo momento, principalmente ahora:

 

"La humanidad está cayendo en una globalización que no integra culturas, sino que las desintegra para imponer sobre ellas un patrón uniforme que permita incorporarlas al sistema mundial". [1]

 

            Es decir, la humanidad está perdiendo su identidad justamente por buscar una identidad común, que barre con las diferencias y nos vuelve a todos iguales, en pos de una absurda idea de justicia que cree que diferenciarse es discriminarse. Y esto no sólo lo podemos ver en la actualidad, donde, por dar sólo un ejemplo, decirle “negro” a una persona es insultarla, independientemente del contexto y de las intenciones del hablante y del referente[2], sino también en la mirada miope que ejercemos sobre la historia. Vivimos en una época que sacrifica la verdad histórica a las corrientes del pensamiento en boga. Así, vemos a una Ana Bolena negra o a una Marie Curie que se enfrenta a su marido por verse “silenciada” en una relación machista y patriarcal. Dos hechos completamente falsos, que en el caso de Curie llega incluso a ultrajar la vida misma de aquella a la que se quiere (supuestamente) rescatar[3]. En resumidas cuentas, como el racismo está mal, hagamos justicia mostrando que Ana Bolena era negra. ¿Qué queda?, ¿decir que Federico Barbarroja era mujer porque el machismo es malo? Todavía no se llegó a tanto… Hasta ahora, al menos. 

Somos chicos caprichosos que desean ver su verdad estampada en el frágil cristal de la realidad, y como eso no se puede conseguir estudiando, entonces deformamos, mentimos y alteramos todo. Para lograr esto, la ignorancia y la censura (hoy llamada “cancelación”) funcionan como estandartes de una cultura que no sólo ve lo que quiere ver, sino que, como lo que quiere ver no existe, lo inventa, silenciando a todo aquel que levanta la voz para denunciar el atropello. 

De hecho, en menos de un mes vi cómo FB, por un lado, me censuró el análisis de una novela de Dean Koontz por dar información falsa sobre la realidad (como si la ficción tuviera que confirmar a la ciencia) y bloqueó la cuenta de un contacto por un comentario que incitaba al odio, mientras que IG, por el otro, bloqueó la cuenta de mi hija de 11 años por razones similares... Me acuerdo de cuando llegaron las redes sociales y se hablaba de una "democratización de la información" y de una "libertad de expresión" imparable. Según se decía, ya ningún tirano iba a poder controlar lo que pensara y dijera la gente. Claro, ningún tirano podría hacer nada, pero nadie pensó en los directores de estas enormes empresas y en sus algoritmos idiotas, incapaces de percibir la ironía; tampoco pensaron en la ignorancia de aquellos que quieren “dirigir la historia” y llevar a la humanidad a una “libertad” en la que sólo se diga, se piense y se haga lo que ellos desean que se diga, se piense y se haga. Suele decirse que la ignorancia es atrevida. Yo agregaría que es, también, rabiosa en su despliegue de mediocridad. 

            Volviendo a Sabato. ¿Qué diría él si pudiera ver en lo que nos convertimos y en lo que, violenta y ciegamente, persistimos? Ernesto Sabato murió hace diez años, poco antes de cumplir los cien. No obstante, no creo que sea incorrecto afirmar que, en esta última década, el mundo experimentó más cambios que los que el escritor nacido en Rojas presenció a lo largo de toda su extensa vida. 

 

 

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[1] Sabato, Ernesto. La resistencia. Buenos Aires, Seix Barral, 2006, pág. 63.

18 de abril de 2021

TRUCULENCIAS, de Juan Esteban Bassagaisteguy

 





Me gustaría hablarles de Truculencias, una compilación de cuentos de Juan E. Bassagaisteguy, publicada por Sello Fantasma en 2018. Para empezar, el libro en sí, como objeto, es una preciosura, con un inusual formato de 15 por 15 cm, papel ilustración y dibujos de Pilar Minoli, Melisa Rúa, Adriana Morales, Federico Cáceres, Germán Morón y Jessica Bilbao. Con sólo llegar a nuestras manos, nos cautiva. Ahora bien, como lo importante de un libro es lo que nos cuenta, pasemos a hablar de los relatos de Bassagaisteguy.


Truculencias contiene 13 cuentos de terror fantástico. En ellos, Bassagaisteguy nos hace experimentar lo sobrenatural como aquello que se esconde en los pliegues de lo que percibimos, disponible sólo para unos pocos. En este sentido, las leyes de la naturaleza no serían más que ordenamientos dirigidos a la mayoría de los seres humanos, mientras que una minoría tendría acceso a la verdadera realidad, ésa que no sólo pacta con aquellas leyes, sino que también las supera o (¿por qué no?) las niega.

 

Entre los cuentos que más me gustaron se encuentran “Mate frío”, “El ermitaño” y “La primera vez”. En “Mate frío” tenemos una especie de spin off de nuestro Martín Fierro, con un personaje que todos conocemos, pero del que nunca se dijo lo suficiente. Así, en apenas unas cuantas páginas, Bassagaisteguy dota al clásico argentino de un trasfondo sobrenatural y hace justicia en donde antes había silencio.

 

En “El ermitaño”, un médico es testigo de un apocalipsis inesperado. Lo interesante en este relato es que los milagros (o incluso el mismo fin del mundo) pueden estar vacíos de significado: no hay más que lo que está ocurriendo; y eso, a veces, no nos dice mucho. Incluso, puede que no nos diga nada.

 

Finalmente, me quiero detener en el cuento “La primera vez”. Acá, Bassagaisteguy utiliza una leyenda local (no diré cuál, con el fin de evitar cualquier spoiler) para ponernos la piel de gallina. Más de una vez leí en artículos y en trabajos supuestamente críticos que en la Argentina no se utiliza el bestiario de nuestra tierra por privilegiar a los monstruos venidos del norte, en especial a los vampiros. Juan Bassagaisteguy nos revela dos cosas: primero, que hay escritores que sí se nutren de las leyendas autóctonas; y segundo, que muchos críticos no leen más que lo que se vende en Yenny. Además, en “La llorona”, el penúltimo cuento del libro, el autor se apropia de dicha leyenda (de origen prehispánico y muy importante en la cultura mexicana) y la acomoda a la idiosincrasia de nuestro suelo actual.

 

Como cierre, no puedo más que recomendarles todas las historias de Truculencias. Se van a estremecer, se los aseguro.

 

 

 

- Bassagaisteguy, Juan Esteban. Truculencias. Buenos Aires, Sello Fantasma, 2018.

 

 

 

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Sobre el autor: Juan Esteban Bassagaisteguy nació en Rauch (donde transcurren muchas de sus historias) en 1973. Participó en distintos concursos literarios, obteniendo varias distinciones, entre las que se destacan: finalista en la 2da Convocatoria de Narrativa de la editorial La otra gemela en 2017; el 2do premio en el 4to Concurso Nacional de Literatura organizado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Salta en 2016; el 1er premio en los Concursos Literarios organizados por la Biblioteca Popular Guido y Spano de Rauch en 2013 y 2014; y el 1er premio en el Concurso Zombi organizado por la revista literaria El Tintazo de Colombia en 2013. Truculencias es su primer libro de cuentos, seguido por Asesinarte (Tinta de escritores, 2020).

11 de abril de 2021

DEAN KOONTZ Y LA HERENCIA DE JULIO VERNE


 Virus y vacunas

 




El año pasado, cuando la pandemia ya era una realidad innegable para todos, se recordó que el escritor norteamericano Dean Koontz había “predicho” el nuevo virus y no sólo eso, sino también el lugar de su origen: la ciudad china de Wuhan. En efecto, en la novela Los ojos de la oscuridad (The Eyes of Darkness), publicada originalmente en 1981, Koontz cuenta que el gobierno chino creó un virus letal llamado “Wuhan-400”, con el fin de utilizarlo como arma biológica. Acá quiero hacer un paréntesis. La mención de Wuhan no fue más que una casualidad dada por las circunstancias. En realidad, Koontz había elegido como los hacedores de este virus a los rusos y ubicado el laboratorio en Gorki (de hecho, el virus se llamó en un principio “Gorki-400”), pero como estaban en pleno contexto de la guerra fría, sus editores le recomendaron cambiarlo. Entonces apareció China y Wuhan. Hoy, tanto Koontz como sus editores deben de estar bailando sobre una de sus piernas y reconsiderando su concepción de la idea del destino y de la diosa Fortuna. Y no es para menos, las ventas de Los ojos de la oscuridad se dispararon, ya se habla de reediciones y el nombre de Koontz, siempre secundario en relación con su némesis, Stephen King, vuelve a ocupar un buen espacio en los titulares de todo el mundo.

 

Ahora bien, me pregunto cuánto van a tardar en decir que en la novela Visiones (By the Light of the Moon), de 2002, nuestro autor de Pensilvania habla de un científico loco que desarrolla una tecnología diminuta (a la que llama “nanobots”), capaz de ser inoculada en los seres humanos por medio de una inyección para así lograr una evolución forzada del cerebro humano. En medio de una historia de suspenso, repleta de persecuciones y de fenómenos paranormales, Koontz explica cómo los famosos “chips” pueden formar parte de una vacuna. Teóricos de la conspiración, atentos.

 

            Nuevamente, vemos cómo Dean Koontz nos habló, en el pasado, de cosas que iban a desvelar a muchos en el futuro, en un registro que tendemos a relacionar más con escritores como Robin Cook o Michael Crichton que con él. ¿Quién dice? A lo mejor, quien ahora suele ser mencionado como el que nunca pudo estar a la altura de Stephen King se termine convirtiendo, para un futuro no muy lejano, en un digno sucesor de Julio Verne.